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Un veterano de Malvinas recordó su rol en el rescate del General Belgrano y pidió no olvidar a los caídos

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Sergio Hernández, veterano de la Guerra de Malvinas y residente en el distrito de Goudge, compartió su testimonio sobre su participación en el conflicto bélico de 1982, donde cumplió funciones clave como enfermero de la Armada Argentina y formó parte del operativo de rescate tras el hundimiento del crucero General Belgrano. En diálogo con Diario San Rafael y FM Vos 94.5, reconstruyó aquellos días marcados por la urgencia, el dolor y la camaradería.

Su intervención en la guerra comenzó el mismo 2 de abril, cuando fue trasladado en un avión sanitario hacia las islas. “En el año 1982 ya era militar de carrera; era cabo primero y me tocó el día 2 de abril volar en un avión tipo ambulancia hasta Malvinas para repatriar los restos del primer caído en la guerra, que fue el capitán Giachino, y a uno de los heridos, que fue el joven enfermero Ernesto Urbina”, relató. En ese momento, se desempeñaba como enfermero en el Hospital Naval de Puerto Belgrano.

Tras regresar al continente, recibió la orden de reincorporarse a su destino, pero pocos días después fue convocado a integrar la tripulación del buque hospital Bahía Paraíso, donde asumió tareas como instrumentador quirúrgico y responsable de esterilización.

El rescate del crucero General Belgrano

Desde allí protagonizó uno de los episodios más dramáticos del conflicto: el rescate de sobrevivientes del crucero General Belgrano, hundido en el Atlántico Sur. “Cuando se da la orden, nosotros estábamos en alta mar y pusimos proa hacia la zona del hundimiento. Nuestra función era rescatar a la gente de las balsas con ayuda de otros barcos que andaban en la zona”, explicó. Las condiciones eran extremas: “Un mar muy bravo, frío. Las balsas se habían dispersado por el oleaje y el viento”, recordó.

El operativo permitió salvar a numerosos tripulantes, aunque también implicó enfrentar escenas de profundo impacto. “En muchos casos pudimos rescatar personas con vida; nosotros rescatamos a 16 náufragos sin vida. Fue un momento duro”, expresó. Entre los recuerdos más dolorosos, mencionó: “Se me grabó permanentemente haber recogido una balsa con seis cadáveres de chicos que habían muerto de frío”.

Según detalló, lograron rescatar alrededor de 160 sobrevivientes, quienes fueron trasladados a Ushuaia. Allí, además de la atención médica, se priorizó la contención emocional. “La camaradería creo que estuvo antes que nuestra faz profesional. Era importante darles ropa, comida caliente, que se bañaran y acompañarlos”, afirmó. Hernández también destacó el espíritu de unidad entre las distintas fuerzas durante la guerra: “No importaba si era del Ejército, de la Fuerza Aérea o de la Prefectura; eran combatientes y camaradas nuestros”.

Las secuelas y el valor de la memoria

Tras el conflicto, continuó su carrera en la Armada durante 35 años, hasta retirarse como suboficial primero. Sin embargo, reconoció que el impacto de la guerra se manifestó con el paso del tiempo. “Cuando volvimos no había tomado conciencia; para mí había sido una película. Volví a mi pueblo, tuve una licencia de 45 días y ahí empecé a tomar dimensión de lo vivido”, contó.

Con los años, comenzaron a aparecer las secuelas emocionales. “Después empecé con algunos síntomas, con sueños, recordando a los compañeros que no volvieron y a los que se suicidaron”, indicó. En ese sentido, remarcó la importancia de mantener viva la memoria: “Yo siempre digo que el soldado no muere en la batalla; muere cuando su pueblo lo olvida”.

El reconocimiento de la comunidad

En contraste con el olvido que, según señaló, predominó en los primeros años, hoy valora un mayor reconocimiento social. “Gracias a Dios estamos viendo que la juventud está tomando más conciencia; en las escuelas se habla más del tema”, sostuvo.

En su caso particular, resaltó el acompañamiento permanente de su comunidad. “Yo vivo en un pueblito que nunca me olvidó. Soy el único veterano de guerra que vive acá y todos los años me hacen sentir el cariño”, expresó. Entre los homenajes, mencionó la realización de un mural en su honor en la escuela secundaria El Nevado. “Fue una ceremonia hermosa; no sé si soy merecedor de tanto cariño”, agregó.

Finalmente, destacó el valor de compartir su experiencia con las nuevas generaciones. “Me mueve mucho poder hablar con los chicos. Me invitaron a una escuela con alumnos con capacidades diferentes y te emocionas hasta los huesos”, concluyó, dejando en claro que su historia es también una forma de mantener viva la memoria colectiva.

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