Una cuestión de educación…

La semana pasada, un video subido a las redes sociales mostraba a un grupo de cuatro niños y adolescentes disparándole y torturando hasta la muerte a un ave. Poco después, los detalles de la violenta situación también se hicieron públicos: los desaprensivos chicos son oriundos de Villa Atuel, tienen entre 11 y 17 años, y el ave muerta era un “jote cabeza colorada”, especie que se encuentra en peligro de extinción.
A partir de las imágenes, la indignación popular no se hizo esperar en las mismas plataformas digitales y el escándalo llegó a que, por caso, la Secretaría de Ambiente de la Provincia y el área de Recursos Naturales Renovables realizaran sendas exposiciones judiciales para que se investigara el hecho. A partir de ello, la Justicia tomó intervención en el asunto y, tras algunos procedimientos, logró el secuestro de dos rifles de aire comprimido que habrían sido utilizados para agredir al jote.
El suceso merece y obliga a algunas reflexiones. En primer término, debería preocuparnos como sociedad que algunos de nuestros niños y jóvenes disfruten de llevar a cabo este tipo de acciones, tan dañinas como desinteresadas con la idea de comunidad (que incluye a los animales, obviamente), y que para ello –encima– utilicen armas de fuego con el consiguiente riesgo para terceros y para ellos mismos.
Como habitualmente afirmamos cuando hablamos del comportamiento de las generaciones más jóvenes de nuestra sociedad –menores de edad, como en este caso–, sus integrantes tienen responsabilidad en sus acciones, pero esta no es igual a la de los adultos. Somos nosotros, sus mayores responsables, quienes debemos inculcarles valores e incentivarlos en actos que sean provechosos y positivos para ellos y para quienes los rodean, además de –más allá de parecer una obviedad– evitar poner en sus manos elementos peligrosos como un arma.
Como se ve, de lo que estamos hablando aquí es de una cuestión de educación. Educación para chicos y grandes.

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