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Una desgracia con “mucha suerte” en el Cañón del Atuel: el dramático rescate tras la crecida contado en primera persona

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La inesperada crecida en el Cañón del Atuel el sábado por la madrugada debido a las intensas lluvias desató una situación crítica que movilizó a fuerzas de rescate y prestadores turísticos. Juan Rentería, protagonista clave en los operativos, relató cómo lograron salvar vidas en medio de un panorama devastador.
La noche del viernes y la madrugada del sábado fueron escenario de un fenómeno meteorológico sin precedentes en el Cañón del Atuel. Una intensa tormenta provocó una crecida repentina que arrasó caminos, acampantes y vehículos.
Juan Rentería, prestador turístico de Valle Grande con el Portal del Atuel y propietario de una empresa de excursiones 4×4, fue convocado por la policía para participar de un desesperado operativo de rescate. “El problema comenzó cerca de las 4 de la mañana. A mí me llamaron a las 7 porque la policía necesitaba llegar a la zona afectada, donde había personas atrapadas. Sin vehículos 4×4 era imposible transitar”, relató a Diario San Rafael y FM Vos 94.5. “Cuando llegamos con los camiones, nos encontramos con una escena impresionante. Todo estaba cubierto de barro, árboles caídos y restos arrastrados por la corriente”, añadió.
La zona más afectada se extendió desde la presa Aisol (Nihuil II) hasta Agua Blanca y la Usina III. Rentería explicó que las primeras evaluaciones de Pampa Energía y los equipos de rescate indicaron que “el dique Aisol subió seis metros en apenas dos minutos. Fue algo descomunal”. El río desbordado y arrastró carpas, vehículos y todo a su paso. Según relató, “nos pidieron rescatar a unas veinte personas. Había una persona desaparecida que finalmente fue hallada con vida”, en referencia a la turista de Godoy Cruz.
El rescate se centró en el tramo entre las centrales hidroeléctricas Usina III y Usina II, donde acamparon todos los damnificados. La magnitud de la lluvia había borrado los caminos habituales del Cañón del Atuel, convirtiendo la travesía en un desafío técnico y logístico. “Al llegar al arroyo de Los Castaños, nos encontramos con siete personas que habían logrado cruzar el agua, pero estaban mojadas, con frío y en estado de shock”, describió Rentería.
Dentro de ese contexto, una de esas personas era la pareja de la joven desaparecida. “Cuando seguimos avanzando, uno de los chicos del camión vio a la chica caminando sola por el lecho del río. No entiendo cómo sobrevivió. Esa chica volvió a nacer”, afirmó. La joven fue rescatada por bomberos, estabilizada y trasladada a un destacamento policial.
Sobre la persona rescatada, Rentería amplió que “la encontramos con hipotermia y golpes leves. Realmente, esa chica nació de nuevo. La cantidad de agua que pasó por ese sector fue impresionante”, comentó.


El impacto de la crecida fue devastador. “La Central III tenía más de metro y medio de agua adentro. Las ventanas estaban destruidas, y el cuidador solo se salvó porque subió al primer piso”, narró. También confirmó que al menos tres vehículos fueron arrastrados por la corriente. “Uno de los chicos perdió su camioneta Ford 70. Vimos objetos flotando que podrían ser electrodomésticos del camping Condorí”. Los restos de los vehículos fueron avistados cerca de la desembocadura del río en el lago, lo que da una idea de la fuerza de la corriente.
La magnitud del desastre movilizó a bomberos, policía, helicópteros y drones. Los rescatistas lograron evacuar a las personas que caminaban por caminos desbordados. “Subimos a la gente a los camiones, junto con sus pertenencias, y los llevamos al destacamento. Lo que vimos allí era apocalíptico”, contó Rentería. Asimismo, agregó que la cooperación entre los equipos de rescate fue crucial para evitar pérdidas humanas. “Aunque los caminos estaban destruidos, logramos llegar a la mayoría de los puntos críticos con nuestros camiones”, explicó.
A pesar de los cuantiosos daños materiales, la tragedia pudo ser mayor. “Hoy solo podemos agradecer que no hubo pérdidas humanas. Fue una desgracia con mucha suerte”, detalló.

“Cuando llegamos a la Usina III, parecía que había pasado un vendaval. Todo estaba devastado”, relató. Aunque el rescate logró salvar vidas, las secuelas del desastre natural serán visibles por mucho tiempo. El camino permanece intransitable y los trabajos de reparación ya están en marcha.
Para Juan Rentería, este evento resaltó la importancia de contar con protocolos más sólidos y recursos mejor equipados para emergencias en zonas de difícil acceso. “En esta región, la naturaleza no avisa. Necesitamos estar preparados para lo inesperado”, finalizó.

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