Una eterna colisión de derechos y varias incapacidades

Como suele suceder en épocas de crisis, sobre todo las económicas, las protestas de diversos sectores y actores sociales se han incrementado en el país. Así, organizaciones sociales, centrales de trabajadores y grupos autoconvocados participan casi a diario de manifestaciones contra lo que creen son políticas gubernamentales que los perjudican.

Esas expresiones de descontento, que se dan en muchos puntos de la Argentina, pero sobre todo en las grandes ciudades, incluyen piquetes y el corte de calles, con la consiguiente afectación a la otra parte de la sociedad, que es la que necesita la vía pública para movilizarse con los más diversos objetivos, desde el trabajo hasta la recreación.

En términos generales, la discusión sobre la protesta social es planteada como una cuestión de “colisión de derechos”. Esto es, entre el derecho a la libre circulación y el derecho a la petición social ante el Estado, ambos consagrados por el artículo 14 de la Constitución Nacional.

Entramos así en un círculo vicioso por cuanto no se concibe la democracia sin la posibilidad de protestar, ya que toda protesta tiene que ver con la visibilización de legítimos reclamos sociales que de otra manera permanecen ocultos a la sociedad. Y, por otro lado, el derecho que tiene el resto de la ciudadanía de circular por ese mismo país que el de los protestantes.

La incapacidad perenne de las fuerzas de seguridad para preservar el Estado de derecho mediante la prevención y anticipación a los hechos, sin valerse de métodos brutales, primitivos y hasta ilegales, es la otra pata de la historia.

La solución, está visto, no es la represión indiscriminada, que siempre cae sobre los sectores más pobres y marginados, sino plantear acciones destinadas a prevenir en la búsqueda de consolidar la seguridad ciudadana y garantizar que todos los ciudadanos podamos ejercer nuestros derechos.

Amedrentar a los actores sociales, acallar los reclamos populares, desarticular los movimientos sociales y deslegitimar la protesta significa la derrota de la política como forma de organización social. Y no poder garantizar que el resto de la sociedad realice tranquilamente sus tareas, también.