Una nueva polémica por el lenguaje inclusivo
Días atrás, el gobierno porteño prohibió el lenguaje denominado «inclusivo» en las escuelas, puntualmente aquellas expresiones que incluyen la “e”, la “x” o el “@” como “chiques”, “bienvenidxs” o “alumn@s”. “Nosotros tenemos la obligación de enseñar el uso correcto de la lengua. Después los chicos son personas libres y pueden adecuarlo como crean conveniente”, señaló Soledad Acuña, la ministra de Educación porteña, a la hora de argumentar la decisión de su cartera.
La polémica no tardó en extenderse y, de hecho, este lunes se presentó una acción de amparo -de parte de la madre de una alumna y de una docente- para dejar sin efecto la resolución a la que tildaron de “discriminatoria”, y que “atenta contra la libertad de expresión y también contra la identidad de género y de expresión”.
La discusión acerca del lenguaje denominado «inclusivo» ya muestra varios capítulos y muchas veces –la inmensa mayoría- está atravesada por el tan nuestro fanatismo a la hora de debatir posturas. El resultado casi siempre es el mismo: tras hacer como qué sí lo hacemos, no escuchamos al otro, cada cual sigue con su idea.
La Real Academia Española afirmó, tiempo atrás, que es inadmisible el uso de la “x” o la “e” como marca de género. Pero, a la vez, admitió que el idioma es evolutivo y que quizás en algún tiempo el uso y las costumbres le abran la puerta a lo que hoy no está aceptado formalmente pero que muchos utilizan.
No obstante, quizás la discusión actual pase por otro lado, si de igualdades de género se trata. Como afirma el periodista Martín Caparrós: “La idea de que los géneros no son dos sino infinitos o ninguno, según cómo se sienta cada quien, es mucho más radical que decir ‘todes’”.
El norte que debiera guiar a todos (o todes, si así se quiere) es seguir trabajando en conseguir más equidad, es decir espacios, derechos y oportunidades equivalentes sin desconocer las diferencias, sino convirtiéndolas en la materia prima fundamental para lograr una integración mutuamente enriquecedora.