Una sociedad dominada por la impostura

“Nadie ha dudado jamás que la verdad y la política nunca se llevaron demasiado bien, y nadie, por lo que yo sé, puso nunca la veracidad entre las virtudes políticas”. Con esta constatación, la filósofa alemanda Hannah Arendt comenzaba “Verdad y política”, un artículo publicado originalmente en alemán en 1964 y aparecido en inglés por primera vez en febrero de 1967 en The New Yorker.
Argentina es un país que tiene sobre sus espaldas demasiados momentos donde la visión de clase dirigencial no ha sido conteste con la realidad de la República. Desde los albores de la democracia nacional, allí por comienzos del siglo XX, los argentinos hemos visto cómo quienes nos gobiernan se alistan en esta peligrosa actitud de intentar hacernos creer cosas que no ocurren y que, muchas veces, son consecuencia del no poder afrontar y/o resolver los problemas que impone el ejercicio del poder.
Además de esta inveterada costumbre de mentirnos en la cara, nuestros dirigentes (de todos los colores políticos) también han desarrollado otras “habilidades-defectos”, tales como no aceptar las críticas, demonizar al adversario y combatirlo con el uso del poder que otorgan los cargos públicos, despreocuparse de la realidad del país por enfrascarse en mezquinas rencillas políticas partidarias, hacer primar los intereses particulares al bien común, y tantas otras a las cuales, peligrosamente, los gobernantes se han dedicado y los ciudadanos hemos permitido.
Una sociedad puede fabricar una realidad que no es y organizar su vida política en torno de ella. Puede, en una palabra, autoengañarse. Pretender que la realidad sea diferente que la que es, es lo que liga la mentira a la acción. Las mentiras que han logrado eficacia en contextos democráticos en nuestra época suelen, en esta línea, perseguir un cambio. Pero su enormidad y el autoengaño revelan que la realidad común se empecina en su tozuda facticidad. El resultado final, por cierto, nunca es promisorio: pretender cambiar el mundo sin tomar en cuenta lo que en verdad el mundo es, solo puede profundizar los problemas irresueltos.

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