Una sociedad que intenta (mal) adormecer sus crisis

Según datos de la Dirección de Farmacología de la Provincia, en el último año hubo un incremento del 33% del consumo de ansiolíticos respecto de 2018 en los efectores de salud pública de Mendoza.
Así, mientras en 2018 se consumieron 3.270.000 unidades de ansiolíticos, para este año se proyecta el consumo de unas 3.611.300 pastillas. En el preocupante ranking aparece un incremento en el consumo de antidepresivos y antipsicóticos respecto al año pasado, con alzas de 17% y 15%, respectivamente.
Los especialistas señalaron, además, que aparte de los medicamentos psicotrópicos utilizados en los centros sanitarios, existe una enorme cantidad de ansiolíticos que se consumen en el resto de la sociedad sin la prescripción ni el control médicos.
Las crisis económicas y sociales que atravesamos y la necesidad de ponerle orden a contextos de incertidumbre, estrés, redoble de la exigencia laboral y ansiedad como los actuales, son algunas de las causas que llevan a muchos argentinos a buscar una respuesta en estos químicos. Claro, respuesta no es igual a solución.
En tiempos en que la intolerancia a la frustración se ha extendido entre la población nacional, la Argentina parece haberse transformado en una sociedad que medica sus sentimientos. A la luz de las cifras y de las explicaciones médicas, actualmente somos una comunidad que no sabe, no quiere o no puede lidiar con el dolor y las inclemencias propias de nuestra coyuntura.
“Darwin decía que si éramos capaces de sentir tristeza, ansiedad, pánico, disgusto o rabia, ello se debía a que todas esas emociones nos ayudan a sobrevivir. Necesitamos preocuparnos de las consecuencias de nuestros actos o nos buscaremos problemas. En fin, lo que hacemos siempre lo hacemos por alguna razón”. La declaración pertenece nada menos que al estadounidense Allen Frances, referente de la psiquiatría moderna. Los argentinos de estos días no hemos aprendido la lección y seguimos buscando para nuestros problemas soluciones mágicas y muchas veces perjudiciales para nosotros mismos.