En 2007, la periodista y escritora canadiense Naomi Klein publicó su libro “La Doctrina del Shock. El auge del capitalismo del desastre”. En él, cuenta la historia no oficial del libre mercado. Desde Chile hasta Rusia, desde Sudáfrica hasta Canadá, la implantación del libre mercado responde a un programa de ingeniería social y económica que Klein identifica como “capitalismo del desastre”. Tras una investigación de cuatro años, la autora explora el mito según el cual el mercado libre y global triunfó democráticamente, y que el capitalismo sin restricciones va de la mano de la democracia. Por el contrario, Klein sostiene que ese capitalismo utiliza constantemente la violencia, el choque, y pone al descubierto los hilos que mueven las marionetas tras los acontecimientos más críticos de las últimas cuatro décadas. Así, demuestra que el capitalismo emplea constantemente la violencia, el terrorismo contra el individuo y la sociedad. Lejos de ser el camino hacia la libertad –a la que consecuentemente se acude por parte de sus implantadores-, se aprovecha de las crisis para introducir impopulares medidas de choque económico, a menudo acompañadas de otras formas de shock no tan metafóricas: los golpes de las fuerzas de seguridad, las torturas con electroshocks o la picana en las celdas de las cárceles, por caso. En el libro se repasa la historia mundial reciente (de la dictadura de Pinochet a la reconstrucción de Beirut; del Katrina al tsunami; del 11-S al 11-M), para dar la palabra a un único protagonista: las diezmadas poblaciones civiles sometidas a la voracidad despiadada de los nuevos dueños del mundo, el conglomerado industrial, comercial y gubernamental para quien los desastres, las guerras y la inseguridad del ciudadano son el siniestro combustible de la economía del shock. El libro mencionado, y la película homónima estrenada en 2009 –que puede encontrarse libremente en internet-, es un buen, aunque angustiante, modo de ver el futuro. Nuestro futuro.





