En la comunidad de Rama Caída, en el Hogarcito San Martín de Tours, reside Víctor Michi, un joven que ha encontrado en la pastelería una fuente de entusiasmo y realización personal. A sus 18 años y después de más de una década viviendo en el hogar, Víctor demuestra cada día que las limitaciones físicas no frenan sus aspiraciones ni su deseo de ayudar a los demás. Víctor, que tiene dificultades motoras y moviliza principalmente la parte izquierda de su cuerpo, fue acogido por el Hogar San Martín de Tours hace aproximadamente once años. Hoy, su historia trasciende, gracias a su esfuerzo y perseverancia, como una inspiración para quienes le rodean.
La hermana Notre Dame, integrante del hogar de mujeres y niñas de la comunidad, relató con gran aprecio a Diario San Rafael y FM Vos 94.5 la evolución de Víctor desde que llegó al hogar: “Hace aproximadamente 11 años que Víctor vive acá con nosotros. Él asiste a la escuela especial y participa en talleres de trabajos manuales, donde ha estado en el área de embasado. Y como este año se egresa, nos pidieron que realizara alguna práctica que complemente lo aprendido”. El joven es alumno del taller de Industrias de la Alimentación del Instituto Bufano y la solicitud dio origen a la posibilidad de que Víctor realice prácticas de pastelería, una propuesta que el joven aceptó con entusiasmo y que ha contado con el apoyo de una conocida panadería local.
Paola, madre de la dueña de la panadería Grossa Mora, ubicada en avenida Moreno, conocía a Víctor desde hace tiempo y, a petición de la hermana Notre Dame, gestionó que él comenzara sus prácticas en el negocio. Así, Víctor comenzó a asistir a la panadería todos los lunes por la tarde, donde bajo la supervisión de Brenda, la dueña del lugar, tuvo su primera experiencia en el mundo de la repostería. Notre Dame recuerda con cariño esos primeros días: “El primer día, por ejemplo, armó una torta. Más que nada, la decoró para una celebración que teníamos en el hogar, el Día de los Ángeles Custodios, que son los patronos y protectores de la casa donde él vive”. Con este primer trabajo, Víctor no solo comenzó a perfeccionar sus habilidades, sino también a experimentar la satisfacción de ver su esfuerzo reflejado en un resultado concreto que alegró a sus compañeros.
A pesar de sus limitaciones físicas, Víctor se esfuerza por realizar cada tarea con compromiso y dedicación. “Él tiene mucha movilidad reducida, y trabaja principalmente con su mano izquierda, que es la que puede mover mejor. Pero eso no lo detiene; con mucha paciencia y empeño, hizo la torta y unos cupcakes para que pudiéramos festejar en el hogar”, explicó Notre Dame. Con esta práctica, Víctor no solo perfecciona sus habilidades, sino que fortalece su autoestima al sentirse útil y apreciado por la comunidad.
La hermana Notre Dame, quien ha acompañado a Víctor durante gran parte de su vida en el hogar, describe la alegría del joven al realizar estas tareas. “Nos llama ‘mami’ a las hermanas del hogar, y siempre que íbamos de camino al local nos decía: ‘Mami, reza para que me vaya bien, para que haga bien mi trabajo’”. Esta conexión emocional no solo le ha brindado confianza, sino también una motivación espiritual que le impulsa a dar lo mejor de sí mismo, a pesar de los obstáculos. Víctor, según Notre Dame, es “muy consciente de sus limitaciones, pero a la vez muy agradecido con Dios. Me parece algo importante de resaltar, porque a veces nosotros nos enojamos o nos frustramos por cosas pequeñas, mientras que él, a pesar de la dificultad que enfrenta, es feliz y siente gratitud por la parte de su cuerpo que sí le funciona y le permite hacer cosas por los demás”.
El joven, originario de Perú, llegó a Mendoza siendo muy pequeño, en el seno de una familia migrante. La hermana Notre Dame contó que su madre falleció y, ante la imposibilidad de su padre para cuidarlo, fue ingresado en distintos hogares hasta finalmente encontrar un lugar en el Hogarcito San Martín de Tours. “Creemos que su familia vino a Mendoza como parte de esas familias golondrina, que trabajan en el campo. Él nació en Perú y vino acá con su familia, pero luego su papá no pudo asistirlo y fue en ese momento que nos pidieron que lo recibamos aquí, en el hogar”, relató. Desde entonces, Víctor ha encontrado en este lugar una segunda familia y una comunidad que le brinda el cariño y el acompañamiento que necesita para seguir adelante.
La hermana Notre Dame también destacó el espíritu colaborador y generoso de Víctor. “Él siempre está dispuesto a ayudar a los otros chicos. En la Casa de los Ángeles Custodios hay muchos chicos con parálisis cerebral que necesitan asistencia constante, y Víctor se toma el tiempo para verlos comer, para jugar al fútbol con ellos, porque también le gusta atajar”, explicó la hermana. A pesar de sus limitaciones físicas, Víctor disfruta de participar en actividades deportivas y recreativas que contribuyen a su integración y fortalecen el vínculo con sus compañeros. Este espíritu de cooperación y gratitud que Víctor mantiene ha sido posible gracias a una educación que se centra no solo en el desarrollo de habilidades laborales, sino también en una vida espiritual que le da fortaleza en cada paso. Notre Dame sostiene que, además de la enseñanza práctica, la espiritualidad es fundamental para el crecimiento de los jóvenes en el hogar. “Llevan una vida espiritual que les da fuerza. Es parte de nuestra labor aquí, y creemos que eso es lo que les da fortaleza a ellos y a nosotros para afrontar la vida cotidiana”.
Al final del proceso, Víctor Michi se despidió de sus prácticas en la panadería con la satisfacción de haber aprendido algo nuevo y de haber demostrado que su entusiasmo puede superar cualquier barrera. Para Notre Dame, la historia de Víctor es un recordatorio de las lecciones que pueden aprender quienes comparten la vida con él. “Estos chicos nos dan ejemplos constantes; nos enseñan que, incluso con dificultades, podemos ser felices y contribuir a la felicidad de los demás”.







