Violencia en el fútbol: San Rafael no es ajeno

La violencia en el fútbol es un fenómeno que afecta particularmente a nuestro país. De hecho, y por caso, el fútbol argentino es el único de todos los afiliados a la Federación Internacional del Fútbol Asociación (FIFA) que dispone que los partidos se jueguen solo con público del equipo local para evitar incidentes.
Ya ha quedado dicho en esta columna que los hechos violentos que se producen en los ámbitos futbolísticos tienen mucho que ver con nuestra idiosincrasia y nuestros modos de manejarnos en el resto de las relaciones sociales que protagonizamos. Difícil resulta imaginar otra realidad en un país dominado por los fanatismos, por la idea soberana de ganar siempre a como dé lugar, por los negocios espurios, por las ineptitudes a la hora de abordar y solucionar nuestros problemas y, sobre todo, por las oscuras relaciones que se tejen entre los dirigentes de las entidades deportivas, sus colegas políticos y los delincuentes lisos y llanos (si es que los anteriores no lo fueran).
No hay que creer, sin embargo, que la violencia en el fútbol es un fenómeno lejano, propio de ámbitos donde se manejan grandes cifras de dinero o factores de poder y, por tanto, donde las mafias buscan y obligan a los demás a participar. Sin ir más lejos, San Rafael ha sido –y es– escenario de hechos violentos en sus estadios de fútbol.
En nuestra edición de ayer, el jefe de la Policía en nuestro departamento, el comisario Eduardo Algaba, reclamaba sanciones “ejemplares” para quienes provocan ese tipo de hechos violentos, teniendo en cuenta que días atrás dos efectivos a su cargo resultaron lesionados por personas que presenciaban el partido entre los equipos del Sport Club Quiroga y Huracán, y que los agredieron ferozmente.
Somos una sociedad compuesta por demasiados enfermos de violencia, egoísmo y fanatismo. Salir de esa lógica, al menos en el fútbol, demandará el esfuerzo de todos los actores que rodean a ese deporte, y la dirigencia deportiva y política deberán luchar firmemente para purgar esos ámbitos de los delincuentes que los rodean. En San Rafael también.