Vitivinicultura en alerta roja: el libre mercado impuesto y la necesidad de políticas de sostén para el productor bajo el análisis de Asens

La vitivinicultura atraviesa una tormenta perfecta: precios de uva por debajo del costo, desfinanciamiento extremo en las bodegas y un consumo que no despega. Tras el reciente «caravanazo» de productores en Mendoza, Pablo Asens, flamante director de la Corporación Vitivinícola Argentina (COVIAR) y referente de la Federación de Cámaras de Productores, analiza la profundidad de una crisis que califica como terminal para muchos. Con una mirada crítica hacia la «inacción» estatal, Asens advierte que pretender pasar de una economía regulada a un liberalismo total sin transición es subir a un productor de un Fiat 600 a una Ferrari: el resultado es el abandono del campo.

Una cosecha con precios de «usura» y bodegas sin aire

El escenario de la vendimia 2026 se presenta con una contradicción dolorosa: aunque hay menos uva por contingencias climáticas, el precio no sube porque no hay quién la compre o espacio dónde guardarla. «Llegamos a la cosecha con el panorama que habíamos previsto: precios de uva muy bajos, en torno a los 200 pesos, cuando producir cuesta 400. Es un golpe final. Hay productores que nos llaman para decir que se acabó, que levantan todo porque no se justifica el esfuerzo. Las bodegas están desfinanciadas porque no han podido vender sus stocks y no tienen capital para pagar la cosecha y el acarreo», afirmó Pablo Asens en una entrevista que brindó a FM Vos 94.5.

«En San Rafael ya casi no quedan bodegas trasladistas; los que no pueden defender su producto en el mercado están desapareciendo. Desgraciadamente, sobra uva, sobran bodegas y faltan consumidores en todo el mundo», declaró.

La crítica al modelo: ¿Nos podemos permitir el abandono del campo?

Para Asens, la postura del Ministerio de Economía provincial de no intervenir en la actividad económica es, en el contexto de las economías regionales, un error de cálculo que ignora la vulnerabilidad del eslabón primario. «Pareciera que el concepto del ministro de Producción, Vargas Arizu, es más liberal que el del propio presidente de la Nación. La provincia no pone plata y que cada uno se la rebusque. Pero en las economías regionales hay que tener cuidado. No podemos saltar la acequia si no tenemos el tranco bien medido», ejemplificó.

«Si el mercado dice que la vitivinicultura no da, el Estado debe ayudar a planificar la transición. ¿Hacia qué otra actividad muta ese productor? ¿Lo ayudamos con crédito a largo plazo y capacitación o le soltamos la mano? El abandono del campo que estamos viendo es una pérdida que la sociedad no debería permitirse», aseguró.

«El gobierno pretende que pasemos de un Fiat 600 a una Ferrari de libre mercado sin darnos los medios. No se puede saltar al vacío sin crédito para reconvertirse o para buscar otra actividad», continuó exponiendo.

Pablo Asens, director de la Corporación Vitivinícola Argentina (COVIAR), dialogó con FM Vos

La reacción tardía y el refugio cooperativo

Aunque el gobierno anunció recientemente líneas de crédito a través del Fondo para la Transformación, para el sector llega con el tiempo justo y con dudas sobre su implementación real. «Valoramos los anuncios, pero no alcanzan. El gobierno ha reaccionado tarde; lanzar herramientas a mitad de febrero, cuando la cosecha ya está encima, puede resultar insuficiente», expresó al respecto.

«Mientras tanto, el refugio para muchos está siendo el sistema cooperativo de Fecovita. Como en San Rafael hubo mermas por granizo, las cooperativas tienen capacidad ociosa y están recibiendo a productores que las bodegas privadas ya no pueden o no quieren atender. Es una salvaguarda, pero no es lo ideal perder relaciones comerciales de años por una imposibilidad física y financiera total», añadió.

Propuestas para la supervivencia: regularización y reconversión

Ante la profundidad de la crisis, la dirigencia del sector propone dejar de vivir del «parche» anual y encarar reformas estructurales que permitan a los pequeños productores salir del sistema de manera ordenada o integrarse con mayor fuerza mediante la escala productiva.

Un paso que Asens considera urgente es la regularización dominial. “La realidad del campo muestra que una gran cantidad de productores han heredado sus fincas, pero no han podido completar los papeles a su nombre debido al alto costo de los procesos sucesorios. Esta irregularidad paraliza el mercado de tierras. Sin títulos claros, no pueden venderle la propiedad al vecino o a un inversor que esté dispuesto a generar unidades productivas más grandes y eficientes», explicó el directivo, señalando que la atomización del minifundio es hoy una trampa de pobreza.

Asimismo, el debate se centra en la reconversión estratégica. Dentro de ese contexto, el sanrafaelino Asens sugirió seguir ejemplos exitosos como el de General Alvear, donde se ha fomentado el cultivo de alfalfa vinculado al crecimiento de la ganadería. La horticultura aparece como otra alternativa viable, aunque con una advertencia técnica clara: requiere parcelas de tierra grandes, de entre 30 y 100 hectáreas, para ser sustentable. “Esto vuelve a poner el foco en la necesidad de unificar tierras y mejorar la escala. Hay que sentarse y planificar. ¿A qué negocio ayudamos al productor a mutar? ¿Alfalfa, durazno u horticultura en general? Lo que sea, hay que tener la voluntad política de hacerlo», enfatizó.

Por otra parte, el manejo de los excedentes es vital para recuperar el precio. Con los niveles actuales de asistencia a la exportación, el sector busca descomprimir los ocho meses y medio de stock que hoy pesan sobre las bodegas. En ese sentido, Asens propuso implementar subsidios específicos para la exportación a granel, emulando políticas de potencias vitivinícolas. «España y Francia lo hacen, a pesar de las medidas mundiales. Necesitamos esa pequeña ayuda, unos centavos por litro, para ser competitivos y sacar volúmenes de vino en un mundo donde hoy también sobra producción en todos lados», planteó al cierre de la conversación.