Daniel Rada, director del Observatorio Vitivinícola Argentino, analizó el complejo presente de la industria. Con envíos al exterior que registran sus peores marcas en 15 años y un consumo doméstico afectado por la caída del salario real, el especialista advierte sobre un problema distributivo de precios en la cadena que pone en jaque la rentabilidad de los productores y bodegas trasladistas.
El mercado externo: la pérdida de los 200 millones de litros
El panorama exportador muestra una meseta preocupante. Según Rada, el sector no ha logrado recuperar los niveles de comercialización previos a 2023, enfrentando un escenario global de estancamiento y alta competencia donde el precio es hoy la variable determinante. “Estamos ante un año difícil, con características similares a las que vivimos en 2024. Si bien hablamos de una caída del 5% en las exportaciones actuales, la realidad es que venimos de un impacto acumulado mucho mayor: pasamos de exportar 200 millones de litros de vino fraccionado a los 150 millones que proyectamos para este año. Eso representa un impacto real del 25% respecto a nuestros niveles históricos”, dijo al principio de la nota que dio a FM Vos 94.5 y Diario San Rafael.
“Hoy, mercados como Estados Unidos o Canadá están pidiendo el precio como una variable crítica, y nuestras condiciones macroeconómicas todavía no nos permiten ser lo suficientemente competitivos en dólares”, agregó.
El factor precio y la competencia global
Para el director del Observatorio, el fin de la era de expansión del mercado internacional obliga a la Argentina a una lucha “punto a punto” con otros países exportadores, en un contexto donde el costo local queda desfasado. “Hace quince años el mercado internacional estaba en expansión y todos los exportadores crecían. Hoy el mercado está estabilizado; ganar un punto significa desplazar a un competidor. Argentina está exportando a un promedio de 4,70 dólares por litro fraccionado, un valor elevado para lo que hoy demandan los grandes importadores”, observó.
“Cuando logramos perforar la barrera de los 4 dólares es cuando registramos picos de volumen. Respecto de las medidas del gobierno nacional, se habló de acuerdos comerciales especialmente con EE. UU., pero aún no se han hecho efectivos, por lo que no podemos medir un impacto positivo todavía”, indicó.

Crisis en el mercado interno y la cadena de valor
El consumo doméstico tampoco ofrece alivio. El ajuste en el gasto de los hogares argentinos ha impactado directamente en las bebidas con alcohol, consideradas bienes prescindibles ante la caída del poder adquisitivo. “El mercado doméstico va a cerrar aproximadamente un 3% abajo en volumen, situándose en los 760 millones de litros. No es una cifra menor, pero está lejos de los mil millones a los que estábamos acostumbrados hace apenas unos años”, apuntó el entrevistado.
“El vino, como todas las bebidas con alcohol, sufre el efecto de la caída del ingreso real dentro del consumo masivo. Pero lo que más preocupa hoy es el problema distributivo dentro de la cadena, es decir, los bajos precios recibidos por la uva y su correlato en el mercado de traslado (vino entre bodegas). Veremos cómo se modifica esto hacia marzo de 2026, conforme los resultados de la próxima cosecha”, comentó sobre ese mismo tema.
Finalmente, Daniel Rada coincidió en que la falta de rentabilidad en la base de la cadena podría generar un efecto dominó que afecte la estructura de empleo y la permanencia de bodegas en el mediano plazo.







