La vitivinicultura orgánica avanza en Mendoza, pero en el sur provincial aún representa una porción muy pequeña del total productivo.
Según los últimos datos del Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV), en San Rafael apenas el 1,4% de la cosecha corresponde a uvas orgánicas, lo que equivale a 10.147 quintales sobre un total de 697.565.
En tanto, el departamento vecino de General Alvear no registra producción orgánica certificada, lo que marca una fuerte diferencia con otras zonas de la provincia donde el modelo sustentable gana terreno.
El informe detalla que, a nivel provincial, Mendoza concentró el 66% del total de uva orgánica del país —equivalente a 735.763 quintales—, seguida por San Juan (16,9%) y La Rioja (15,5%). Entre las tres provincias reúnen el 98,4% del total nacional.

Dentro del territorio mendocino, los departamentos con mayor volumen de uva orgánica son Luján de Cuyo, con 106.738 quintales, Tupungato con 81.895, y Rivadavia con 70.269. En esas zonas, la proporción de uva orgánica ronda entre el 5% y el 9% del total, mientras que en el sur la participación continúa siendo marginal.
A NIVEL NACIONAL
A nivel nacional, la superficie orgánica cosechada total alcanzó en 2024 las 86.061 hectáreas, lo que representa un crecimiento del 14% en la última década, aunque con una caída del 10,8% en el último año. En el caso de la vid, 9.701 hectáreas fueron certificadas como orgánicas, es decir, el 11,3% del total de cultivos orgánicos del país.

Si bien la tendencia muestra un fuerte crecimiento histórico —un 184% más en diez años—, en los dos últimos ciclos se advierte un leve retroceso, asociado a los costos de certificación y a las condiciones climáticas adversas en algunas regiones.
En este contexto, el Ministerio de Producción de Mendoza, a través de la Dirección de Agricultura, realizó recientemente una jornada de formación para implementadores de la Normativa Orgánica Argentina, aplicada a la cadena vitivinícola.
CAPACITACIÓN Y DESARROLLO
La capacitación incluyó dos instancias teóricas intensivas y una salida a campo, donde los asistentes observaron prácticas concretas de manejo sustentable.
Desde la cartera productiva destacaron que la producción orgánica es un eje estratégico para diversificar la matriz vitivinícola y mejorar el posicionamiento de los vinos mendocinos en los mercados nacionales e internacionales.

“Promover la certificación orgánica es apostar por una vitivinicultura con mirada ambiental, social y de calidad, que cuide el suelo, el agua y la biodiversidad”, señalaron desde el Ministerio.
El desafío para el sur mendocino será ahora incrementar la superficie orgánica y sumar productores a este modelo de manejo responsable, que no solo agrega valor al vino sino también al territorio y su identidad agroindustrial.







