Viviendas, polémica y empatía

El Instituto Provincial de Vivienda (IPV) entregó el martes las 111 viviendas del barrio El Álamo II.
Que el Estado pueda aportar soluciones a un problema como el habitacional, aunque sea en porciones muy mínimas respecto de las reales necesidades de la población, debería ser una buena noticia y así parece ser cada vez que se concreta una operatoria.
Sin embargo, en el caso de El Álamo II se desató una polémica, sobre todo en las redes sociales y medios de comunicación, ya que sus viviendas fueron destinadas a los hasta entonces habitantes del asentamiento precario de Cuadro Nacional.
La idea de las autoridades municipales y provinciales fue brindarle un lugar digno a quienes vivían en condiciones sumamente precarias (entre tablas, plásticos, sin baños), entregándoles casas de dos habitaciones, baño instalado, pintadas, con puertas, ventanas, chapa de zinc, como las que está realizando el IPV en toda la provincia.
“Estoy cansada de ver cómo entregan casas a la gente de los asentamientos. Yo llevo 11 años esperando que Concretar y el IPV nos haga las casas. Realmente vivimos en el mundo del revés: si pagas tu casa olvídate que te la entreguen, pero si no podés pagar una carpeta no te hagas problema que te hacen una casa”, sostuvo uno de los tantos mensajes que llegó a la web de Diario San Rafael por parte de quienes se opusieron a que las casas del mencionado barrio fueran a manos de quienes fueron.
Un trabajador debe pasar más de 25 años para recién aspirar a tener una casa propia. Una persona que vive en un asentamiento precario no eligió estar en ese lugar. ¿O alguien en su sano juicio puede pensar que hay gente que elige vivir en un lugar donde no hay construcciones seguras ni tendidos eléctricos de calidad ni cloacas ni se cumplen las condiciones mínimas para una vida digna? Son dos verdades… Y dos injusticias. Pero ninguna excluye ni es más importante que la otra.
Quizás un aspecto positivo tiene la controversia: el resto de la comunidad supo de la existencia de estas familias –las beneficiarias y las que esperan–, algo que no siempre ocurre.