Vivir en la anarquía

La relación que los argentinos tenemos con la regulación de nuestras conductas es particular. Más allá de honrosas excepciones, una parte mayoritaria de nuestra sociedad pretende que las leyes sean puestas en práctica con todo su rigor, pero con la interesada excepción de los casos propios. Esto es, se defiende la extendida aplicación de la norma siempre y cuando el afectado no sea el mismo que originalmente pretende su ejercicio.
Las cuarentenas que este año dispusieron las diferentes administraciones gubernamentales por la pandemia de Covid-19 fueron (y son) un claro ejemplo de ello. Nadie quería contagiarse del virus, todos queríamos que los demás cumplieran las recomendaciones médicas, pero, a la vez, muchos incumplían las mismas.
Esta actitud, peligrosamente extendida, es harto perniciosa para la perseguida evolución social, ya que deja de lado la lógica e imprescindible igualdad ante la ley. Y, bien sabemos, la falta de seguridad y previsibilidad jurídica es una herida mortal para cualquier intento de crecimiento social.
Casi todos los argentinos reconocemos que vivimos en un país donde la desorganización es moneda corriente. Este fenómeno es cultural y se ha ido fraguando en consonancia con los vaivenes históricos de nuestra nación. Estamos tan acostumbrados a ello que ya hemos aceptado que “así se vive” y cuando alguna norma viene a regular los desaguisados que protagonizamos o que nos obligan a protagonizar, la respuesta suele ser la oposición a la misma, sobre todo cuando nos afecta directamente.
No es que los argentinos no cumplamos ninguna ley, pero está claro que tenemos actitudes que perjudican a los demás, que buscamos ventajas donde no debería haberlas y que el “todo vale” se ha tornado habitual. No hay que ir muy lejos para observar aplicada esta siempre perjudicial idea.
La mayoría de nosotros aporta a la anarquía y, lo que es más llamativo, todos tenemos una excusa para ese actuar, que solo obliga a los demás pero que –en el mismo instante– nos exonera. En ese contexto, convertirnos en un país serio no es más que una lejanísima utopía.

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En general: ¿cómo cree que le fue a la Argentina en este 2020?

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