Desde hace varios meses, la sanrafaelina Yael Setton, de 25 años, se encuentra residiendo temporalmente en Rejovot, una ciudad ubicada al sur de Tel Aviv, en el marco de un programa de intercambio estudiantil. Allí estudia hebreo, trabaja y, al mismo tiempo, experimenta las consecuencias de un contexto bélico de la política de Israel y que ha marcado fuertemente su día a día.
“En este momento estoy viviendo temporalmente acá en Israel, más precisamente en la ciudad de Rejovot, al sur de Tel Aviv”, explicó a Diario San Rafael y FM Vos 94.5, y agregó que se encuentra allí desde marzo, participando de una experiencia educativa que nació a partir del programa Taglit, parte de Israel Experience, que promueve visitas a Israel para descendientes de personas judías. “El año pasado viajé, en julio, en plena guerra también, con todas las complicaciones que eso conlleva, y este año decidí venirme por un poco más de tiempo, seis meses, para estudiar idiomas y trabajar un poco”, detalló.
El salto desde una ciudad como San Rafael a una urbe israelí en medio de un conflicto internacional no fue una decisión tomada a la ligera. Yael señaló que se preparó emocionalmente para enfrentar esa realidad. “Uno cuando sabe que va a viajar a un país en guerra tiene dos opciones: o vivir con ese miedo, esa angustia, o prepararse psicológicamente para lo que pueda venir”, explicó. “No solamente el contexto de guerra es lo importante, sino la diferencia a nivel cultural y de movimiento. Mucho movimiento, mucha gente. Yo vengo de San Rafael, es una ciudad mucho más tranquila, con otro tipo de gente”.
Esa diferencia también se vivió en el entorno cercano a Yael, especialmente entre sus familiares y amigos. “A mis tíos más que nada, a mi familia, hemos hablado, estamos en comunicación constante por videollamadas todos los días. Mis amigos sí expresaron cierta preocupación, me dijeron: ‘Yael, estás loca, volvete’. Pero yo como lo vivo de este lado del charco, te podría decir que me siento mucho más segura de lo que muestra la información que llega allá”, afirmó.
No obstante, reconoció que la seguridad no es total y que en las últimas semanas se vivieron momentos muy difíciles. “Hace como dos semanas que, soy totalmente honesta, no se duerme en Rejovot. Hay alarmas en la madrugada, muchas en las primeras noches. Irán normalmente decide atacar en horarios donde uno está durmiendo”, relató. En ese sentido, precisó que la ciudad fue blanco de ataques: “Han caído misiles en el Instituto para el Estudio de Química, Biología, Bioquímica, un lugar muy importante que queda aquí en Rejovot, y también en un mercado central”.
La rutina de Yael, como la de muchos civiles en zonas de riesgo, se ve alterada por los constantes alertas. “Se escuchan los bombardeos dentro del refugio, hay muchos niños asustados, padres cansados. Se vive no solamente el temor de que pueda caer donde estás, sino también el miedo que se genera entre la gente. Es complicado”, expresó. Y agregó que intentan mantener la calma: “Intentamos mantener la cabeza un poco en frío para no angustiarnos, porque mucha gente corre muy rápido al refugio y se lesiona. Hay que mantenerse lo más tranquilo posible”.
En cuanto a los protocolos de seguridad, aseguró que existe un sistema bien estructurado. “Tenemos un sistema bastante completo de seguridad, que está a cargo del Comando del Frente Interior. Hay una aplicación en la que, cuando hay ataques, podés tener diez minutos o incluso un minuto y medio para llegar al refugio más cercano”, explicó. “Por fortuna tengo uno a una cuadra, entonces me sobra tiempo. Corro muy rápido; una de las cosas para las que uno se prepara es para correr a cualquier hora del día”.
En un contexto en el que abundan los discursos polarizados y las noticias fragmentadas, Yael ofreció una mirada empática, reconociendo también el sufrimiento de las poblaciones del otro lado del conflicto, en este caso de Irán. “Nosotros no culpamos a la gente que vive en Irán, no es el caso. De hecho, nos ponemos en contacto con compañeras que tienen familia allá. Por eso nosotros empatizamos también con la población de Irán. En mi caso, yo creo que los civiles son los que más sufren”.
Finalmente, cuando fue consultada por su regreso al país, respondió: “Mi fecha de vuelo es a mediados de septiembre, pero vamos a ver cómo estará la circunstancia para ese entonces. Espero que todo esté bien para poder regresar en esas fechas”. Y cerró con un deseo que trasciende fronteras: “Ojalá que se termine por el bien de todos”.