En tiempos donde las buenas noticias parecen escasear, hay gestos que iluminan la jornada y nos recuerdan que la empatía sigue viva en las pequeñas acciones cotidianas.
Es el caso de Pablo Maggioni, chofer de la empresa Iselín, a quien muchos vecinos de la zona ya conocen por su amabilidad y generosidad.
Este miércoles 2 de julio, mientras conducía el coche que venía desde Colonia Española, Pablo protagonizó un momento que no pasó desapercibido: al llegar a la avenida Mitre, detuvo el colectivo, descendió, y ayudó a cruzar la calle a una joven con discapacidad visual, acompañándola hasta la parada de enfrente.
Lo hizo sin estridencias, con naturalidad, como quien lleva en su interior una vocación de servicio que trasciende lo laboral.
El hecho lo compartió una vecina que viajaba en el colectivo y quiso destacar públicamente la actitud de Pablo: “Son pocos los colectiveros que hacen esto. Él siempre tiene esa bondad en su corazón para los pasajeros”, escribió con emoción en las redes sociales.
No es la primera vez que se reconoce la humanidad de este conductor. La misma vecina recordó otro gesto inolvidable: “Una vez, mi sobrina tenía mucha fiebre y Pablo no dudó en desviarse para dejarnos en la puerta del Hospital Schestakow. ¡Eso no se olvida!”.
En una sociedad donde muchas veces se ponen de relieve los malos comportamientos, historias como la de Pablo Maggioni merecen ser contadas y celebradas. Porque aún existen personas que, desde su lugar, marcan la diferencia con pequeños grandes actos.