El 30 de junio de 2025, Impsa cerró su balance semestral con un dato que marca un punto de inflexión: su patrimonio neto pasó a un saldo positivo de 45.200 millones de pesos, tras haber cerrado 2024 con un rojo patrimonial de 23.700 millones.

Esta mejora se debe a dos factores. El primero, tangible, fue una inyección de capital de 27 millones de dólares realizada por Industrial Acquisitions Fund (IAF), que desde febrero controla casi la totalidad de la empresa tras adquirir inicialmente el 85% de las acciones del Fondo Nacional de Desarrollo Productivo (FONDEP) y la Provincia de Mendoza, elevando su participación al 98,9% luego de la emisión de nuevas acciones aprobada en marzo.

El segundo motor es contable: una revaluación de activos fijos por 69.650 millones de pesos, que actualiza el valor de maquinaria, plantas e instalaciones. Este ajuste mejora la imagen financiera ante inversores y acreedores, pero no significa un ingreso de dinero efectivo.

En otras palabras, el balance luce mejor, pero la capacidad inmediata para pagar salarios y proveedores sigue siendo limitada.

Aguinaldo en cuotas, una señal de tensión

Detrás de la foto patrimonial positiva, la liquidez sigue siendo el talón de Aquiles de la exPescarmona. La tensión de caja se evidenció en julio, cuando la compañía anunció que pagaría el medio aguinaldo en cuatro cuotas, entre julio y octubre.

La empresa atribuyó esta medida a retrasos en los pagos de proyectos estatales que afectaron sus ingresos. Esta decisión generó preocupación y malestar entre los más de 600 empleados de la planta de Godoy Cruz, que denunciaron falta de previsión y recordaron antecedentes de incumplimientos.

Para los trabajadores, este episodio fue una señal de que, más allá de la mejora contable, la caja sigue en tensión y la recuperación está lejos de consolidarse.

La llave para aliviar la deuda

Impsa inició formalmente en junio el Acuerdo Preventivo Extrajudicial (APE 2025), un mecanismo para reestructurar su deuda de 560 millones de dólares. La propuesta no contempla quitas de capital, pero sí extiende los plazos de pago hasta entre 2036 y 2044, con una tasa anual reducida del 1,5%.

Este esquema, de ser aprobado por los acreedores y homologado judicialmente, daría un respiro financiero de más de una década para reorganizar la operación, buscar nuevos contratos y estabilizar el flujo de caja.

El 3 de julio, el juzgado autorizó la apertura preliminar del trámite, suspendiendo ejecuciones de deuda y prohibiendo nuevas acciones judiciales contra Impsa. Esta protección temporal permite negociar sin la presión inmediata de embargos o cortes de crédito, pero es un plazo que corre rápido: el desafío es alcanzar acuerdos antes de que venza la tregua judicial.

Cifras que muestran un rojo operativo

Los estados financieros muestran un problema operativo: en seis meses, el flujo neto de efectivo por actividades productivas fue negativo en 14.500 millones de pesos. Es decir, Impsa gastó más efectivo del que generó con su actividad principal.

Este déficit se compensó parcialmente con ingresos por financiamiento, principalmente la suscripción de acciones por parte de IAF por 12.000 millones de pesos, lo que permitió cerrar con un saldo de caja de 14.700 millones.

El dato es clave: sin el aporte de capital y la entrada de fondos por financiación, el saldo de caja habría sido aún más bajo, poniendo en riesgo la capacidad de cumplir con obligaciones básicas.

Deuda elevada y estructura de pasivos

Impsa mantiene un elevado rojo financiero, con obligaciones financieras por 225.700 millones de pesos y un pasivo total que supera los 520.000 millones (incluyendo un importante componente de pasivos por impuestos diferidos, producto de la revaluación contable y diferencias temporarias, que no representan obligaciones financieras inmediatas).

Sus ventas netas en el semestre fueron de apenas 12.300 millones, cifra modesta para su tamaño, reflejando una caída de contratos desde diciembre de 2023.

Además, los ingresos financieros —principalmente por diferencias de cambio y otros movimientos contables— alcanzaron 35.500 millones, superando ampliamente a las ventas. Este patrón es poco común para una empresa industrial cuya fortaleza histórica radica en la producción y exportación.

Entre respaldo contable y recuperación real

El balance al 30 de junio de 2025 deja una conclusión dual: por un lado, la empresa tiene hoy un patrimonio positivo y un respaldo contable que no tenía hace apenas seis meses; por el otro, sus operaciones todavía consumen efectivo y dependen de aportes extraordinarios para funcionar.

A pesar del respaldo contable, la realidad operativa sigue siendo desafiante. La dirección confía en que la combinación de capital privado, reestructuración de deuda y nuevos contratos permitirá revertir esa situación. Pero los episodios como el pago del aguinaldo en cuotas son una advertencia de que la recuperación aún es frágil.

El APE 2025 será la prueba de fuego. Si se concreta con el aval de los acreedores, dará un margen financiero vital para que Impsa recupere contratos, estabilice su flujo de caja y comience a generar resultados positivos sin depender de aportes de capital. Si fracasa, el riesgo de volver a la inestabilidad será alto.

Las frases relevantes del informe

Fuente: El Sol – https://www.elsol.com.ar/mendoza/impsa-entre-la-recuperacion-contable-y-la-crisis-de-liquidez-las-claves-del-ultimo-balance/