La comisión de Economía y Comercio Exterior del Senado de Mendoza recibió al presidente del Instituto de Sanidad y Calidad Agropecuaria Mendoza (ISCAMEN), José Orts, y al secretario técnico, Guillermo Azín, quienes expusieron el estado actual de la Lobesia botrana, más conocida como la “polilla de la vid”, y los alcances de la campaña que el Ejecutivo provincial impulsa para su control y erradicación.
Durante la reunión, se destacó que esta plaga representa una seria amenaza para la vitivinicultura mendocina, ya que afecta de manera directa la calidad, el rendimiento y la comercialización de la uva.
Según los datos presentados, la Lobesia alcanza hoy más del 80 % de la superficie cultivada y provocó, en la última temporada, pérdidas superiores al 12 % de la producción.
UNA CAMPAÑA INTENSA Y SOSTENIDA
Azín explicó que existe una relación directa entre el financiamiento de las campañas y el nivel de control de la plaga.
Recordó que en los períodos 2017-2018 y 2018-2019, cuando se aplicaron mayores recursos, las poblaciones de polilla descendieron a niveles tan bajos que prácticamente no se detectaban en los viñedos. Sin embargo, los vaivenes presupuestarios de los últimos años generaron un desbalance entre regiones y una recuperación de la plaga en zonas críticas.
Actualmente, se está desarrollando una campaña “muy fuerte”, con una estrategia similar a la de los años más exitosos, que combina emisores de feromonas en grandes superficies, aplicaciones de insecticidas y tecnologías de precisión mediante aviones y drones, ajustadas según las características de cada oasis productivo.
El funcionario subrayó que tanto el Valle de Uco como San Rafael se encuentran en vías de erradicación de la Lobesia botrana, gracias a la cobertura integral y a la constancia de los últimos años.
“En el sur provincial los productores ya no necesitan aplicar productos, lo que es un logro concreto de esta política sanitaria”, aseguró.
AVANCES Y RESULTADOS PRELIMINARES
En pocas semanas se entregaron el 100 % de los emisores de feromona destinados a cubrir 50.000 hectáreas, alcanzando la totalidad del Valle de Uco y del Oasis Norte, y de forma parcial al Sur y al Este, de acuerdo al riesgo de cada zona.
Además, se proyecta la aplicación de insecticidas en más de 90.000 hectáreas y tratamientos con feromonas pulverizables en 70.000 hectáreas del Este, donde existen viñedos abandonados que constituyen focos de reinfestación.
“Ya estamos viendo resultados: en las zonas cubiertas con feromonas tenemos cero capturas”, destacó Azín, aunque insistió en que es imprescindible sostener estas campañas durante al menos tres temporadas consecutivas para consolidar la reducción de las poblaciones.