Hay gestos que parecen simples, pero que esconden una enorme carga de amor y solidaridad. Uno de ellos volvió a repetirse este fin de semana en San Rafael con una nueva edición de “Una frazada para mi hermano”, la tradicional campaña impulsada por las Cáritas parroquiales que desde hace 22 años convoca a voluntarias de diferentes barrios y distritos para confeccionar abrigo destinado a quienes más lo necesitan.

La propuesta tiene una premisa sencilla pero profundamente significativa: tejer cuadrados de lana de 30 por 30 centímetros que luego son unidos para transformarse en acolchados y frazadas.

Detrás de cada puntada hay tiempo, dedicación y el compromiso de decenas de personas que ponen sus manos al servicio de los demás.

Durante toda la jornada del sábado, entre las 9 de la mañana y las 6 de la tarde, mujeres de distintas comunidades parroquiales compartieron trabajo, historias y mates mientras avanzaban en la confección de los acolchados que, cuando lleguen los días más fríos, serán entregados a familias que atraviesan situaciones de vulnerabilidad.

“Es una gran obra que se hace con el corazón, mucha gente aportando su granito de arena”, expresó María Lourdes, una de las participantes, destacando el espíritu colectivo que sostiene la iniciativa año tras año.

AMISTAD, ENCUENTRO Y SERVICIO

Para muchas de las voluntarias, la jornada es mucho más que un encuentro para tejer. Es también un espacio de amistad, de servicio y de encuentro con el otro. Así lo reflejó Estela Torres, una de las organizadoras: “Se vive con gran alegría, poder compartir algo tan bonito y confeccionar los acolchados”.

A lo largo de más de dos décadas, la campaña se ha convertido en un verdadero símbolo de solidaridad sanrafaelina. Cada invierno encuentra a estas mujeres repitiendo el mismo compromiso: transformar ovillos de lana en abrigo y, sobre todo, en un mensaje de acompañamiento para quienes más lo necesitan.

“En cada acolchado que se termina se ve el amor”, resumió Torres. Una frase que sintetiza el espíritu de una cruzada solidaria que, 22 años después de su nacimiento, sigue demostrando que los pequeños gestos pueden generar un enorme impacto en la vida de los demás.