El Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV) oficializó un incremento del 11,6% interanual en los despachos al exterior durante el mes de junio, traccionado fundamentalmente por el segmento de los graneles y el posicionamiento estratégico en los mercados regionales. Sin embargo, detrás del buen desempeño estadístico subyace una profunda reconfiguración logística global que altera el histórico podio de destinos, ubicando al Reino Unido a la vanguardia, seguido por Brasil, y desplazando a Estados Unidos al tercer puesto. Los cambios en los hábitos de consumo globales, orientados hacia perfiles individuales, y la fuerte maquinaria de subsidios de la Unión Europea imponen un marco de alta competitividad.

Sergio Villanueva, gerente de la Unión Vitivinícola Argentina (UVA) y director ejecutivo del Fondo Vitivinícola Mendoza, analizó el fenómeno de comoditización del sector, la incipiente demanda interna de blancos dulces y trazó un paralelismo histórico sobre la urgencia de sostener el eslabón primario de la cadena.

Reconfiguración del mapa logístico: pérdida de valor agregado y el avance del granel

La presión sobre los costos de fletes y el precio internacional del petróleo aceleraron la tendencia de los principales centros de consumo de importar vino a granel para fraccionarlo en destino. «El indicador de junio es un número positivo, lo cual es valorable, pero al analizar estos procesos hay que desarmar un poco la estadística para otorgarle un período más largo; los registros mensuales suelen evidenciar picos o caídas circunstanciales que luego se compensan. Lo primero que uno advierte en este escenario es el cambio drástico del mundo global: Estados Unidos pasó a ser nuestro tercer mercado cuando históricamente ocupaba el primer lugar, el Reino Unido ascendió al primer puesto y Brasil se consolidó en el segundo. Argentina es un gran exportador de vino tinto fraccionado a Norteamérica y, evidentemente, tanto el mercado estadounidense como el británico atraviesan un proceso de abaratamiento de costos por la complejidad del consumo, incrementando de forma marcada la importación de vino a granel», explicó Sergio Villanueva en una entrevista que brindó a FM Vos 94.5.

«Aproximadamente mantenemos un esquema donde el 75% corresponde a fraccionados y el 25% restante a granel. El granel viene en franco crecimiento debido a que geográficamente nos encontramos muy lejos de los principales centros globales de consumo; en los períodos donde el precio del petróleo influye con fuerza, se vuelve evidente que resulta logísticamente más económico enviar el producto a granel y fraccionarlo en el lugar de destino que despachar las botellas terminadas desde origen. Este cambio de paradigma acarrea consecuencias severas porque implica una pérdida directa de valor agregado para nuestra industria. Los mercados de granel son más comoditizados, mientras que los de fraccionados resultan más permanentes en el tiempo porque construyen marca, identidad de origen y fidelidad de los consumidores», expuso.

Sergio Villanueva, gerente de la Unión Vitivinícola Argentina (UVA) y director ejecutivo del Fondo Vitivinícola Mendoza, analizó el fenómeno de comoditización del sector

Sustentabilidad de la producción y el impacto de los cambios socioculturales en el consumo

Los excedentes de stock y los bajos precios pagados al productor condicionan el balance del sector fraccionado, que lleva dos décadas estancado frente a una sociedad con nuevas dinámicas gregarias. «El mercado de cercanía de Brasil sigue siendo el destino que más sube y resulta sumamente interesante. Más allá del acuerdo con la Unión Europea —donde logramos una protección de ocho años mediante un esquema de desgravación lineal—, la plaza regional todavía nos otorga ventajas comparativas muy importantes. Respecto al crecimiento del granel, hay que evaluar qué sostenibilidad real posee este movimiento en el tiempo. Hoy en día, la base de toda esta dinámica exportadora está sustentada en valores de la uva y el vino que se ubican muy por debajo de los costos reales de producción en el viñedo. Gráficamente, es como si abrieras la puerta de tu casa y te sacaran todos los muebles: eso no significa que tus muebles sean hermosos, sino que tenías la puerta abierta. Ese es nuestro principal problema actual», consideró Villanueva.

«Al perderse el precio de referencia de la uva por la falta de expectativas comerciales favorables, se generaron excedentes de vino. Es positivo que ese stock salga al exterior para equilibrar las existencias, pero es preocupante que lo haga a valores de quebranto. El sector de fraccionados lleva 20 años en un plano horizontal; tuvimos un crecimiento muy fuerte hasta 2011 o 2012 y luego nos amesetamos», indicó.

«El Reino Unido y el mundo siguen demandando Malbec, que es nuestra insignia, pero hay debates profundos sobre si lo que cambió fue el vino o la sociedad. Claramente cambió la sociedad: hoy es más individualista, existen menos puntos de encuentro y el vino es un producto netamente gregario, se consume compartiendo una comida. A esto se le suman factores como las leyes de tolerancia cero al conducir y las campañas globales anti-alcohol», añadió.

La amenaza regulada de la Unión Europea y el operativo de rescate de la producción primaria

El convenio Mercosur-Unión Europea traza un horizonte arancelario competitivo que obliga a la industria local a tecnificar sus estructuras para competir frente al proteccionismo agrícola continental. «En el mercado doméstico, la tendencia del consumidor históricamente se inclinó en un 75% hacia los tintos, mientras que a nivel internacional la relación es de 50 y 50. Sin embargo, las últimas estadísticas reflejan que casi el 62% del vino que hoy se consume en la República Argentina posee algún nivel de dulzor, ya sea por interrupción de fermentación o por dulces naturales, lo que consolida la tendencia de blancos ligeros para tomar fríos», comentó el gerente de la Unión Vitivinícola Argentina.

«Nuestro desafío estructural es que la reconversión de viñedos se orientó masivamente a tintos, erradicando muchas variedades blancas. En plazas competitivas como el Reino Unido, nuestro principal rival estratégico es la Unión Europea; ellos operan como un Estado-Nación con una política agrícola sumamente agresiva y recursos monumentales para subsidiar la promoción, el crédito blando y regular su producción mediante cosechas en verde», aseveró.

«Muchos sectores no lo dimensionan, pero la Unión Europea representará una amenaza real sobre el mercado doméstico y el brasileño a medida que avancen los cronogramas de desgravación. Argentina tuvo la particularidad regulatoria de que el Mercosur le impidió firmar tratados de libre comercio bilaterales directos como los que posee Chile, configurando un mapa arancelario muy complejo. El acuerdo Unión Europea-Mercosur alivia esa carga y nos otorga una perspectiva interesante; si las variables macroeconómicas tienden a estabilizarse y logramos ingresar con aranceles muy bajos o cero, la situación general de las bodegas mejorará”, analizó.

«La realidad es que en el sector de los productores hoy predomina una desesperanza mayúscula. Lo que nos sucede se asemeja bastante al escenario histórico de la batalla de Dunkerque, donde el objetivo urgente era salvar a las tropas atrapadas en la playa: nosotros tenemos que lograr que la producción primaria mendocina subsista ante esta crisis, y el margen de tiempo que nos queda es sumamente escaso. Por eso nos vemos obligados a analizar permanentemente la dinámica de los mercados a granel, el impacto de los acuerdos arancelarios con la Unión Europea y las variables logísticas internacionales; todo con el propósito de encontrar, en algún momento, un punto de equilibrio macroeconómico que devuelva la rentabilidad y permita pagar mejores precios de base por la uva y el vino en la producción primaria», completó.