La inflación de junio fue del 1,9%, pero la desaceleración de los precios todavía no se traduce en una recuperación de la actividad económica. La economista Paula Pía Ariet analizó las razones de este escenario, las diferencias entre los sectores que crecen y los que siguen estancados, y explicó por qué la previsibilidad será clave para atraer inversiones.
La inflación de junio cerró en el 1,9% a nivel nacional y confirmó la tendencia de desaceleración que muestran los precios desde hace varios meses. Sin embargo, esa mejora en uno de los principales indicadores de la economía todavía no logra traducirse en una recuperación visible de la actividad productiva, el consumo y el empleo, una situación que continúa generando interrogantes tanto entre empresarios como entre consumidores.
Para la economista, el dato de inflación representa una noticia positiva, pero no alcanza por sí solo para poner nuevamente en marcha la economía. Durante una entrevista con Diario San Rafael y FM Vos 94.5, explicó que la inflación refleja únicamente la velocidad con la que aumentan los precios, mientras que el crecimiento económico depende de una combinación mucho más amplia de factores.
«Lo que está reflejando la inflación es solamente la velocidad del aumento de los precios», señaló al comenzar su análisis, y explicó que buena parte del comportamiento registrado durante los últimos meses estuvo vinculado al impacto que había tenido anteriormente la evolución del precio internacional del petróleo.
No obstante, remarcó que reducir la inflación no implica automáticamente una reactivación económica. «Para que aumente la economía se tienen que dar distintas variables que hoy todavía no se están dando. Hay que ser más productivos, más eficientes y vender más», afirmó.
Según explicó, existen distintas miradas económicas sobre la forma de impulsar el crecimiento. Mientras algunos modelos consideran que el aumento del gasto público puede motorizar la actividad, la actual administración apuesta a que el desarrollo provenga principalmente del sector privado.
En ese contexto, sostuvo que las empresas necesitan mejores condiciones para producir, menores costos y mayores oportunidades de comercialización.
«La producción privada necesita ser más eficiente, tener menos impuestos y poder vender más. Esas son las condiciones que permiten crecer», indicó.
Uno de los aspectos que más desarrolló durante la entrevista fue la diferencia entre los indicadores macroeconómicos y la realidad que viven muchas actividades productivas.
Si bien las estadísticas muestran un crecimiento del Producto Bruto Interno, Ariet explicó que ese avance está concentrado en sectores muy específicos y que no necesariamente genera un efecto inmediato sobre el resto de la economía.
«La macro es la sumatoria de las micros. Si uno está sentado en una actividad que hoy está creciendo va a percibir una realidad muy distinta de quien pertenece a otra que continúa estancada», resumió.
En ese sentido, enumeró cuáles son las actividades que actualmente muestran mayor dinamismo. «Hoy están creciendo la minería, la energía, el petróleo, el sector financiero y la economía del conocimiento».
Al mismo tiempo, recordó que durante muchos años Argentina sostuvo un esquema más orientado al proteccionismo industrial y que el escenario actual modificó significativamente ese mapa productivo.
Para la economista, el desafío pasa ahora por lograr que otras actividades puedan recuperar competitividad y generar nuevas oportunidades de crecimiento.
«Tenemos que buscar cómo ser más eficientes y vender más. También salir a conquistar nuevos mercados».

La recuperación del salario y su impacto sobre la inflación
Otro de los ejes de la conversación giró en torno al salario y las negociaciones paritarias. Consultada sobre las limitaciones que el Gobierno mantiene para los aumentos salariales, Ariet explicó que el salario también constituye uno de los componentes que pueden influir sobre la inflación.
«Cuando aumenta el salario, las empresas muchas veces trasladan ese mayor costo a los precios para poder cubrirlo». Por ese motivo, consideró que cada decisión económica genera efectos sobre el resto del sistema. «No hay ficha que se mueva sin tener impacto en el resto», sintetizó.
Sin embargo, también remarcó que una inflación más baja constituye una condición indispensable para recuperar el poder adquisitivo. «Es bueno que baje la inflación porque eso permite que, si los salarios aumentan por encima de los precios, las personas recuperen capacidad de compra».
En ese escenario, explicó, podría comenzar a fortalecerse nuevamente el consumo y, con ello, una recuperación más amplia de la actividad económica. La economista también se refirió al plan económico presentado recientemente por el Gobierno nacional y a la importancia de generar confianza entre los inversores.
Ariet consideró que uno de los principales objetivos oficiales es demostrar capacidad para afrontar los compromisos financieros sin recurrir a nuevas emisiones monetarias. «El Gobierno necesita mostrar previsibilidad. Si logra transmitir que puede cumplir con sus obligaciones, eso favorece la llegada de inversiones».
Aunque aclaró que el verdadero desafío será comprobar si esa estrategia resulta creíble para los mercados. «Habrá que ver si el mercado le cree esa previsibilidad». A su entender, brindar certezas sobre el rumbo económico constituye uno de los elementos centrales para consolidar proyectos de inversión de mediano y largo plazo.
Finalmente, la economista analizó la evolución del tipo de cambio y advirtió que los acontecimientos internacionales continúan teniendo una fuerte incidencia sobre la economía argentina. En particular, mencionó el conflicto en el Estrecho de Ormuz y sus posibles consecuencias sobre el comercio internacional y los precios de la energía.
«Lo que está ocurriendo con el dólar está muy relacionado con el conflicto en el Estrecho de Ormuz. Si esa situación vuelve a complicarse, también pueden aparecer dificultades para las importaciones y las exportaciones». Por ese motivo, consideró que el contexto internacional seguirá siendo un factor determinante para la economía argentina durante los próximos meses, en un escenario donde la desaceleración de la inflación representa una señal alentadora, pero todavía insuficiente para garantizar una recuperación sostenida de todos los sectores productivos.