El 20 de noviembre se celebra el Día de la Soberanía Nacional, en conmemoración de la batalla de Vuelta de Obligado de 1845. En aquel entonces, los heroicos soldados argentinos, en inferioridad de condiciones, resistieron la invasión del ejército anglo-francés, el más poderoso del mundo. La fecha fue instaurada por pedido del historiador José María Rosa y se oficializó por medio de la Ley N° 20.770, en 1974.
Pero recordar este hecho histórico de nuestra nación nos debe dejar un legado para las generaciones presentes y futuras, motivándonos a realizar una mirada retrospectiva y objetiva, que nos permita dilucidar cuál es el significado de La Vuelta de Obligado para la Argentina del presente.
Hoy tenemos necesidad de darle una resignificación al concepto de soberanía nacional, que en el siglo XIX se debatió militarmente, pero hoy debe estar dada en el campo de la lucha de las ideas y también de la decisión de cada país de construir un proyecto de Nación de acuerdo con sus propios intereses, integrándose junto a su región, en un mundo cada día más complejo.
La Real Academia Española define la soberanía como “el poder político supremo que corresponde a un Estado independiente sin interferencias externas”. El concepto, entonces, se emparenta con el de “nación” y, por consiguiente, con la idea de Estado y de fronteras. La democracia moderna corporiza –en teoría– un poder que busca lo correcto y el bien colectivo de una nación y la soberanía se expresa en la ampliación de derechos que expanden la condición igualitaria de la ciudadanía.
La batalla por la soberanía la libran los ciudadanos comprometidos cada día desde los talleres y las aulas, desde las oficinas y las fábricas, desde los hospitales y desde cada uno de nuestros senos familiares. Pero también deberían librarla los dirigentes, buscando alcanzar cada a día la grandeza y felicidad de nuestra Nación.