Los bomberos voluntarios de Rama Caída atraviesan un duro momento en lo que representa su economía, por lo que, una vez más, recurren a la solidaridad de los vecinos. En diálogo con FM Vos (94.5) y con Diario San Rafael, Iván Rosales, jefe del cuartel, se refirió a la difícil situación que atraviesan tras haberse quedado sin batería en su principal unidad de rescate.
Con la llegada de los primeros fríos intensos, el camión Ford 350 modelo 84 del cuartel no arrancó durante los habituales chequeos mecánicos. «Por más que la quisimos cargar o hacerle algún pase mágico, no dio más», explicó Rosales, señalando que debieron recurrir a una batería provisoria de menor tamaño extraída de una de sus camionetas para poder dar respuesta ante emergencias.
Esta medida de emergencia se puso a prueba de inmediato. En medio de un histórico y trascendental partido de fútbol, los bomberos debieron acudir de urgencia a un incendio de campos en el paraje La Resolana que ponía en riesgo varias viviendas. «Tuvimos que salir a una intervención y había campos comprometidos, casas. Ahí es donde vemos si es necesario o no la obra del bombero voluntario», destacó Rosales, valorando la profunda vocación de servicio de sus compañeros. No obstante, el jefe de la dotación reconoció el desgaste que genera apelar constantemente a la comunidad. «A mí como jefe me pasa que tengo que hablar con mis compañeros y hacerles entender que nos cansa a veces decir ‘che, otra vez tenemos que ir a pedir’. Es feo, pero hay que hacerlo porque cuando pasa algo, por eso se creó el cuartel en Rama Caída», mencionó.
Para poder operar el camión de manera óptima y segura, necesitan adquirir una batería de 120 amperes, cuyo costo estimado ronda los 200 mil pesos, un valor inalcanzable sin colaboración externa. Es por ello que abrieron una cuenta para recibir donaciones a través de Mercado Pago con el alias bomberosrc22, a nombre de la Asociación Civil Bomberos Voluntarios Rama Caída. Rosales remarcó que, además de dinero, el cuartel, ubicado en la zona de Pobre Diablo, presenta otras carencias básicas edilicias que cualquier vecino puede ayudar a paliar. «Hacen falta sábanas, cortinas, hasta nos hace falta una puerta. Tenemos dos de las habitaciones sin puerta y le hemos puesto una cortina; siempre se puede colaborar con distintas cosas», señaló y concluyó recordando que, sin importar el monto, «toda monedita sirve» para sostener este servicio vital.