Las vacaciones de invierno tienen una particularidad: no terminan para todos al mismo tiempo. Mientras gran parte del país comienza lentamente a retomar la rutina y las clases vuelven a llenar las escuelas, en el sur mendocino todavía queda una carta importante por jugar. Y no es una carta cualquiera.

Esta semana comenzó el receso escolar en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y la provincia de Buenos Aires, dos mercados que históricamente representan el mayor caudal de turistas que llega a San Rafael y también a Malargüe durante la temporada invernal. Por eso, en hoteles, complejos turísticos, restaurantes, agencias de viaje, comercios y prestadores de servicios vuelve a instalarse una palabra que caracteriza a cada invierno: expectativa.

La primera parte de las vacaciones dejó un balance aceptable. Hubo movimiento, ocupación y una ciudad que volvió a mostrar el dinamismo que genera la llegada de visitantes. No fue una temporada extraordinaria, pero sí suficiente para mantener en marcha un engranaje económico del que viven, de manera directa o indirecta, miles de familias del sur mendocino.

Ahora, sin embargo, comienza el tramo que muchos consideran decisivo. La experiencia de los últimos años demuestra que los turistas porteños y bonaerenses suelen marcar la diferencia. Son quienes más tiempo permanecen en destino, quienes recorren bodegas, cañones, ríos y reservas naturales, quienes llenan restaurantes y cafeterías, quienes compran productos regionales, quienes contratan excursiones y quienes terminan impulsando un movimiento comercial que trasciende ampliamente a la actividad turística.

En ese escenario, Malargüe también espera con optimismo. El centro de esquí Las Leñas vuelve a posicionarse como uno de los grandes imanes del invierno argentino y muchos de esos visitantes eligen complementar su estadía con algunos días en San Rafael, potenciando un circuito turístico que beneficia a todo el sur provincial. La geografía juega a favor: la nieve atrae y los paisajes retienen. La combinación entre ambos destinos continúa siendo una de las propuestas más competitivas que ofrece Mendoza durante el invierno.

Por eso estas dos semanas adquieren un valor especial, no solamente para quienes administran hoteles o complejos turísticos. También para el mozo que suma más mesas, el comerciante que espera una mejor facturación, el remisero, el guía de turismo, el vendedor de productos regionales, las estaciones de servicio, las cafeterías, las heladerías, las casas de alquiler de equipos y tantos otros rubros que encuentran en cada visitante una oportunidad para sostener su actividad.

El turismo tiene esa particularidad: cuando funciona, derrama beneficios sobre buena parte de la economía regional. Ese efecto resulta especialmente importante en contextos económicos complejos, donde cada consumo adicional representa un alivio para cientos de pequeños emprendimientos y comercios locales.

Por eso nadie esconde la ilusión. Las próximas dos semanas aparecen como la posibilidad de darle un impulso definitivo a una temporada que todavía tiene mucho por ofrecer. La esperanza está depositada en esos miles de porteños y bonaerenses que comienzan sus vacaciones con el sur mendocino entre las alternativas elegidas.

San Rafael y Malargüe ya hicieron su parte. La naturaleza, la gastronomía, la oferta de actividades y la hospitalidad vuelven a estar listas para recibirlos. Ahora resta que las rutas vuelvan a llenarse de viajeros y que, una vez más, el invierno encuentre en el turismo uno de sus motores más importantes para seguir moviendo la economía regional.