Según el Indicador de Precios en Origen y Destino (IPOD) elaborado por el sector de Economías Regionales de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME), en julio los precios de los agroalimentos se multiplicaron 3,1 veces del campo (origen) a la góndola (destino) en promedio. Es decir, el consumidor pagó $ 3,1 por cada $ 1 que recibió el productor.
En promedio, la participación del productor alcanzó el 35,7% de los precios de venta final, un 14,8% más que en junio. La mayor participación la tuvieron los productores de brócoli (60,8 %), mientras que la menor fue nuevamente para los de limón (7,1 %).
La caída de la demanda, producto de la inflación y la pérdida del poder adquisitivo, ha generado una presión sobre los distintos eslabones de la cadena, obligándolos a resignar márgenes. Sin embargo, los productores han sido los más afectados, ya que los costos de producción han aumentado significativamente debido a la inflación, la devaluación y los eventos climáticos adversos.
«Estamos ante una brecha fuerte y una gran disparidad de los precios. Un litro de leche no cuesta lo mismo en el Gran Buenos Aires que en Santa Fe o Tierra del Fuego. Los costos de la logística influyen mucho sobre el precio final de los productos», advirtió al principio del reportaje Pablo Vernengo, director ejecutivo de Economías Regionales de la Cámara Argentina de la Mediana Empresa.
«Una manzana que se produce en una finca del sur termina en un galpón de empaque y se transporta hasta un centro logístico de Buenos Aires para volver a venderse en los hipermercados de Neuquén. Son cosas que muchas veces cuestan entender. Esa locura alguien la paga», sostuvo.
En ese sentido, criticó la logística y la distribución de los productos. «Hay un orden de ineficiencia muy grande. Hay productos que en promedio llegan a costar hasta 14 veces más. El productor no es formador de precio. Los demás actores dentro de la cadena de comercialización han decidido retocar sus ganancias. Hay ciertas instancias de intermediación que son bastantes absurdas. Los mayores perjudicados son los productores que muchas veces no pueden afrontar sus costos y el consumidor final. Este último termina pagando precios desorbitantes por la mayoría de los productos», señaló Vernengo.
«Lo que nosotros venimos observando desde hace bastante tiempo es que los operadores que actúan dentro del Mercado Central de Buenos Aires reciben la mercadería en comisión y se llevan entre un 10 y 20% de ganancia. Ellos son quienes fijan los valores de los productos. Un producto a las cuatro de la mañana puede estar valiendo cien pesos y al cierre del día vale 10 pesos. Nosotros lo que entendemos es que ninguno de esos dos valores son los reales. Debe haber un control sobre los precios. En los productos de origen animal estas diferencias se achican, ya que se trata de un mercado mucho más transparente. El consumidor es quien no debe convalidar los precios en la góndola. Ante la retracción del consumo, las grandes cadenas de supermercados han decidido disminuir sus rentas. Muchas veces, los valores finales de los productos resultan ser un abuso», acotó al cierre de la entrevista.