Por estos días, el sanrafaelino Mariano Amaya (56), presidente de la Fundación Proseguir, está en Chimoio, una ciudad de la provincia de Manica, en Mozambique, África, donde permanecerá hasta el 20 de agosto. Pero lejos de hacer turismo, está desarrollando importantes tareas de ayuda humanitaria. Al respecto dialogó con FM Vos (94.5) y con Diario San Rafael.
La Fundación Proseguir ha hecho un convenio con la Fundación Extensión Vida, que desde hace 10 años trabaja en Mozambique, con la misión de fortalecer a la juventud de aquel país africano, enseñándoles oficios, ayudándolos a emprender.
“Acá pasa un fenómeno cultural bastante peculiar, y es que África en su mayoría (salvo Sudáfrica), fue una tierra de oportunidades, y cuando particularmente Mozambique se independizó de los portugueses, vino automáticamente gente de China, gente de países árabes, pusieron negocios y de alguna u otra manera, es como que colonizaron a la gente, y entonces a lo que puede aspirar un mozambiqueño medio, es conseguir un empleo en uno de esos negocios”, dijo y agregó: “La misión de la Fundación Extensión Vida es darles herramientas a los jóvenes como para poder capacitarse, emprender por sí mismos y lograr de esa manera no estar sometidos a esa poca expectativa general que se puede percibir”.
En materia educativa, Mariano explicó que en cercanías de donde él está, hay por ejemplo, una escuela politécnica con una inclinación hacia lo agrario, con 300 alumnos internados que llegan desde diferentes partes de Mozambique. “Ahí es donde nosotros –a través de nuestra fundación– ponemos un granito de arena, porque junto con la Facultad de Ciencias Aplicadas a la Industria tenemos un convenio, donde ellos están preparando en este mismo momento varios cursos, como para poder nosotros dejarles cosas sencillas. Acá es todo muy básico, pero por ejemplo para la manipulación de alimentos, elaboración de mermeladas, cómo armar un proyecto productivo, tema de impresiones 3-D, entonces hemos tenido un primer acercamiento con el director de la escuela y quedamos para ir la semana que viene”, señaló y añadió que con personal de la Secretaría de Extensión de la FCAI, han estado trabajando para aportar conocimientos, mediante cursos que se traducirán al portugués y quedarán a mano de la institución educativa africana.
En cuanto a las condiciones de vida, el sanrafaelino expresó que “más que de una extrema pobreza, la sensación que da es de una extrema desesperanza en la mayoría de los casos”. “En Chimoio o en Caputo (la capital), tenés gente que está bien económicamente, pero en estas zonas ves las clásicas casitas redondas, con techo de paja, donde vive una familia entera”, exhibió.
En cercanías hay un hogar de niños, donde viven 108 niños que todos los días se acercan a comer y se les da una mera alfabetización (no una escolaridad). Desde luego, las dietas son muy básicas y rutinarias. La carne que se consume es la del cebú, pero es costosa y poco accesible. Se come bastante pollo, pero también es caro. En cuanto al agua, es bastante escasa. La Fundación Extensión Vida posee un pozo. No hay luz eléctrica, por lo que se saca con un generador. Amaya recordó que recientemente colocaron un generador para sacar agua, y a los cinco minutos se llenó de gente que apareció con recipientes para llenar.
En lo personal, este hombre hace esta tarea de manera voluntaria, pues es pastor cristiano-evangélico y además es productor de seguros. “Estoy contento de estar aquí, de poder aportar un granito de arena”, aseguró.
Cabe decir que la fundación con la que desarrolla tareas recibe algunos aportes voluntarios de personas que ven la relevancia de esta obra, y que se suman y entregan dinero a beneficio de aquellas personas.