El crecimiento de la población de catas en el sur mendocino dejó de ser un problema exclusivamente para el campo. A los importantes daños que estas aves provocan en viñedos, frutales y olivares, ahora se suma una preocupación sanitaria: el riesgo de transmisión de psitacosis, una enfermedad que ya registró antecedentes en San Rafael, General Alvear y, más recientemente, en otros puntos de la región.
La preocupación llegó al HCD, donde ingresó un proyecto que advierte sobre la necesidad de abordar la problemática de manera integral, tanto por las pérdidas económicas que generan estas aves como por los posibles riesgos para la salud pública.
Según se plantea en la iniciativa, la población de aumentó de manera significativa durante los últimos años, especialmente en distritos y zonas rurales del departamento. Los productores vienen denunciando importantes pérdidas en cultivos de vid, durazno, almendros, ciruelas, damascos y olivos, debido a que las aves consumen y destruyen los frutos antes de la cosecha.
Sin embargo, el fenómeno ya trascendió el ámbito agrícola. La proliferación de enormes nidos y bandadas en plazas, arboledas y barrios urbanos también genera reclamos de vecinos por ruidos, suciedad y el riesgo que implica la caída de ramas debido al peso de las estructuras que construyen.
UNA ENFERMEDAD CON ANTECEDENTES EN LA REGIÓN
Uno de los puntos más sensibles del proyecto es la advertencia sobre la psitacosis, una enfermedad infecciosa causada por la bacteria Chlamydia psittaci, que puede transmitirse a las personas a través de la inhalación de partículas provenientes de secreciones respiratorias, excrementos secos o polvo de plumas de aves infectadas, entre ellas las cotorras.
La preocupación no es menor si se observan los antecedentes sanitarios de la región. En 2014 se confirmaron tres casos de psitacosis en San Rafael, mientras que en 2023 otros tres pacientes fueron diagnosticados en General Alvear.
A comienzos de este año también se registró un brote en la provincia de La Pampa y durante 2025 Mendoza notificó 11 casos, lo que motivó la emisión de alertas epidemiológicas y recomendaciones para reforzar las medidas de prevención.
Ante este escenario, los concejales consideran que el crecimiento de las poblaciones de cotorras debe dejar de analizarse únicamente como una problemática ambiental o productiva y comenzar a abordarse también desde la salud pública, promoviendo campañas de concientización, monitoreo y estrategias de control que permitan reducir tanto el impacto sobre la producción agrícola como los riesgos para la población.