La apertura de la licitación nacional e internacional para definir al nuevo operador del complejo hidroeléctrico Los Nihuiles representa mucho más que un cambio de concesión. Para San Rafael, la novedad abre una oportunidad estratégica para recuperar una infraestructura clave que quedó severamente afectada por el histórico aluvión de enero de 2025 y que, desde entonces, no ha podido volver a operar con normalidad.

A diferencia de otras concesiones energéticas, esta llega condicionada por un desafío mayúsculo: reconstruir y modernizar un complejo que sufrió daños de enorme magnitud. Las centrales Nihuil II y Nihuil III permanecen fuera de servicio desde aquel temporal que provocó una de las mayores catástrofes climáticas registradas en el sur mendocino, afectando no solo la generación eléctrica, sino también una de las obras de infraestructura más importantes de la región. La nueva concesión tendrá, entre sus principales objetivos, devolverle al sistema su plena capacidad operativa mediante un ambicioso plan de inversiones.

Para San Rafael, el impacto trasciende lo energético. La recuperación de Los Nihuiles puede traducirse en movimiento económico para empresas constructoras, contratistas, transportistas, proveedores de servicios y trabajadores especializados, generando un efecto dinamizador sobre distintos sectores de la economía local. En un contexto donde la inversión en infraestructura escasea, un proyecto de esta magnitud aparece como una de las oportunidades más relevantes para el desarrollo del sur mendocino.

El complejo Los Nihuiles ha sido, durante décadas, un símbolo del crecimiento regional. Su construcción transformó el aprovechamiento del río Atuel y posicionó a San Rafael como un punto estratégico dentro del sistema energético argentino. El aluvión de 2025 interrumpió ese proceso y dejó al descubierto la necesidad de una profunda reconstrucción.

Por eso, la importancia de esta licitación no radica únicamente en conocer qué empresa administrará el complejo durante las próximas décadas, sino en quién asumirá la responsabilidad de recuperar una infraestructura estratégica para Mendoza. Si las inversiones comprometidas se concretan y logran involucrar al entramado productivo local, San Rafael no solo recuperará un complejo hidroeléctrico esencial: también podrá convertir una de las consecuencias más graves del aluvión en una oportunidad de crecimiento, empleo y desarrollo para toda la región.