Un reciente informe elaborado por el Instituto de Desarrollo Social Argentino (IDESA) encendió las alarmas sobre la profunda crisis estructural que atraviesa el sistema previsional nacional. La combinación entre un mercado laboral caracterizado por una alta informalidad, la disminución sostenida del empleo asalariado registrado y los profundos cambios demográficos ha configurado un escenario en el que el régimen jubilatorio se encuentra lejos de ser autosostenible.
Según el relevamiento del centro de estudios, la recaudación genuina por aportes y contribuciones apenas alcanza para financiar la mitad de las erogaciones totales del organismo previsional, dependiendo el 50% restante del auxilio constante del Tesoro Nacional y de impuestos generales. A esto se le suma la finalización de las moratorias extraordinarias en marzo de 2025, lo que provocó una drástica caída en las altas jubilatorias de personas menores de 65 años y un volcamiento masivo hacia la Pensión Universal para el Adulto Mayor (PUAM). Frente a esta dinámica, desde IDESA insisten en la urgencia de discutir una reforma integral que suprima la rigidez de los 30 años de aportes mínimos, unifique la maraña de regímenes especiales y contemple un incremento gradual en la edad de retiro. Tomás Sánchez, economista y referente del mencionado instituto, brindó precisiones sobre los datos proyectados, las distorsiones del mercado de trabajo y los ejes centrales para evitar el colapso del sistema.
Informalidad laboral y desfinanciamiento: solo «medio trabajador» registrado por jubilado
La pérdida de puestos de trabajo en el sector formal y el aumento de las modalidades bajo monotributo resienten de manera directa la caja previsional, tal como lo entrevistado lo dejó en claro al inicio de la charla.
«Estamos experimentando un deterioro grave en el sistema previsional que va de la mano de la precarización del mercado laboral. Para que el esquema sea sustentable se necesitan mínimamente dos trabajadores jóvenes registrados aportando por cada beneficiario. Hoy la realidad indica que apenas hay medio trabajador formal por cada jubilado, lo que genera un déficit estructural muy severo. Esto ya está generando un deterioro de la calidad de vida de los asalarios, aquellos que fueron parte de la informalidad. Cada vez son menores los asalariados registrados», alertó.
«Al observar los ingresos de ANSES, los aportes y contribuciones de los trabajadores representan únicamente el 48% del total. El otro 52% restante debe ser financiado por transferencias corrientes del Tesoro y la recaudación de impuestos generales. Hoy el sistema está muy lejos de ser autosustentable. Además, entre fines de 2023 y principios de 2026 cayeron 267.000 puestos de trabajo asalariado registrado. Al mismo tiempo crece la proporción de monotributistas que realizan el aporte mínimo, lo que augura un escenario futuro con más jubilaciones de haber mínimo y menor recaudación genuina», detalló en torno a la situación que se presenta en la actualidad.

La era posmoratoria: el avance de la PUAM y la pérdida de cobertura
Además, Tomás Sánchez coincidió en que, tras el fin de la moratoria jubilatoria en marzo de 2025, la imposibilidad de acreditar tres décadas de aportes restringe el acceso al beneficio tradicional antes de los 65 años.
«Desde marzo de 2025, con el fin de la moratoria jubilatoria, se registró una caída muy importante en la cantidad de altas jubilatorias de personas menores de 65 años. Para aquellos trabajadores que no llegan a acreditar los 30 años de aportes contributivos, la única vía de acceso al sistema previsional pasó a ser la Pensión Universal para el Adulto Mayor (PUAM)», manifestó durante la nota.
«La PUAM exige un requisito mínimo de 65 años de edad, independientemente del género, y representa solo el 80% de una jubilación mínima. Para dar un ejemplo con los valores vigentes a julio de 2026, mientras una jubilación mínima se ubica en $412.000, el monto de la PUAM ronda los $330.000. Quienes no acumularon 30 años de aportes debido a la informalidad del mercado ya no pueden jubilarse antes y deben resignarse a recibir un haber sensiblemente menor», detalló.
Propuestas de reforma: flexibilización de aportes, unificación de cajas y edad gradual
A la hora de hablar de una posible salida, desde el centro de estudios remarcan la necesidad de debatir una nueva arquitectura previsional que contemple la realidad de la longevidad y elimine privilegios injustificados.
«Hay puntos centrales que deben modificarse de inmediato. El principal cambio es eliminar la exigencia rígida de los 30 años obligatorios de contribuciones para poder jubilarse. No puede ser que una persona que aportó durante 25 años no tenga derecho a un haber proporcional a lo que efectivamente contribuyó durante su vida laboral», opinó sobre lo que considera que debe modificarse.
«Por otro lado, existe una marcada falta de integralidad: hoy dentro del sistema conviven más de 200 subsistemas previsionales entre cajas profesionales, provinciales, municipales y fuerzas armadas. Es necesario unificar el esquema y dejar únicamente los regímenes especiales que realmente estén justificados. Asimismo, lo que se debe hacer debe pensarse en las PyMES. Lo que proponemos es un mínimo no imponible para las PyMES, para que se fomente la contratación de asalariados. También el sistema provisional debe tener un cambio que se ajuste a la realidad demográfica, creemos que se debe debatir el aumento de la edad jubilatoria de manera gradual, a razón de dos meses por año, para evitar impactos de shock o altos costos sociales mientras se logra la sostenibilidad a largo plazo», señaló Tomás Sánchez.
Nosotros creemos que ese aumento de la edad jubilatoria se debe dar, pero de forma de manera gradual, y que dé lugar a un sistema viable en el tiempo y que no tenga un alto costo político, es decir, no aumentar de un día para el otro cinco años, como se trató en el pasado, sino aumentar dos meses por año, para ir paulatinamente a la edad que sea acorde a las nuevas condiciones demográficas”, expresó.
Sin embargo, aclaró que hoy en día no hay un proyecto que hable al respecto. “Actualmente no existe un proyecto de reforma previsional en discusión. Se está viendo la reforma tributaria, pero no hay un proyecto presentado. Este también es debido a que cualquier tipo de reforma tiene altos costos sociales, y es un tema al cual no se quiere hablar, sin embargo, en algún momento se va a tener que discutir. Va a llegar un momento en el que va a ser insostenible”, mencionó.
“A lo que nosotros apostamos desde IDESA es a mejorar la calidad de empleo, aumentar la cantidad de asalarios registrados y a través de este medio aumentar esa proporción de aportes y contribuciones dentro de ANSES”, concluyó.