Los integrantes de la organización Unión Fénix, los brigadistas sanrafaelinos Inés Zanola, Gabriel Parra y Héctor “Cacho” Montedo, regresaron a San Rafael luego de participar en una misión humanitaria en La Guaira, Venezuela, una de las zonas más afectadas por el terremoto que provocó el colapso de edificios y dejó miles de fallecidos.
Los brigadistas Zanola y Parra visitaron los estudios de Diario San Rafael y FM Vos 94.5 y contaron emocionados cómo fueron los días de trabajo entre montañas de escombros, las tareas de búsqueda y recuperación de personas, la coordinación con equipos internacionales y las escenas que difícilmente podrán olvidar.

Para Gabriel Parra, el impacto comenzó apenas llegaron al lugar. «Nos encontramos con un panorama de película de terror. Toda la iluminación era de reflectores y generadores. Era una ciudad completamente transformada por la tragedia», recordó.
Desde el primer momento, los equipos internacionales fueron distribuidos en distintos sectores según su especialidad. Al grupo argentino le asignaron un edificio donde todavía permanecían numerosas personas desaparecidas.
«Nos tocó trabajar en un edificio donde todavía había muchas personas bajo los escombros. El primer día apareció una familia completa: el padre, la madre y sus dos hijos», relató.

Además del enorme desafío técnico, los brigadistas convivieron durante toda la misión con el sufrimiento de las familias que permanecían junto a los edificios destruidos esperando noticias.
Parra contó que una de las imágenes que más lo conmovió fue la de una mujer mayor que permanecía día y noche junto a los restos de un edificio.
«Lo que más me golpeó fue ver a una abuela esperando sobre los escombros para que recuperáramos a su familia. Los familiares dormían ahí, al lado de los edificios, esperando encontrar a sus seres queridos».

Explicó que esa realidad acompañaba permanentemente el trabajo de los rescatistas y que cada recuperación representaba un momento de profundo dolor para quienes aguardaban noticias.
«No existe infraestructura capaz de resolver un desastre de esta magnitud en poco tiempo. Todavía se habla de miles de personas que permanecen bajo los escombros», señaló.
Una ciudad reducida a montañas de concreto
Inés Zanola describió con crudeza el estado en que encontraron las edificaciones afectadas. «Una cosa es verlo en videos y otra muy distinta es estar ahí y sentir el dolor de la tragedia».

La brigadista explicó que muchos edificios habían colapsado completamente, dificultando cualquier posibilidad de acceso. «Era como un edificio mil hojas. Los pisos quedaron completamente aplastados unos sobre otros.»
En ese escenario, cada pequeño hallazgo adquiría un enorme valor humano. «Los objetos que encontrábamos nos permitían reconstruir la historia de quienes habían vivido allí. Eran juguetes, fotografías, ropa, pertenencias personales que mostraban que ahí había familias enteras».
Los brigadistas explicaron que las tareas demandaban jornadas extensas entre estructuras inestables, con equipos especializados y protocolos muy estrictos para garantizar la seguridad de los rescatistas.
Cada intervención requería avanzar lentamente, remover toneladas de material y trabajar coordinadamente con especialistas de distintos países.

La prioridad inicial era localizar posibles sobrevivientes, aunque con el paso de los días la misión pasó a concentrarse principalmente en la recuperación de víctimas para brindar una respuesta a sus familiares.
Ambos coincidieron en que esa etapa resulta especialmente difícil desde el punto de vista emocional, ya que detrás de cada procedimiento hay personas esperando noticias.
El reconocimiento de la comunidad venezolana
Pese al contexto de profundo dolor, Zanola destacó el permanente acompañamiento de los vecinos de La Guaira hacia las brigadas internacionales.
«La gente venezolana fue muy agradecida con las brigadas argentinas y nos cuidó en todo momento».

Contó que, aun atravesando una situación extremadamente difícil, los habitantes buscaban la manera de colaborar con agua, alimentos y gestos de afecto para quienes trabajaban en el operativo.
Ese reconocimiento, aseguró, fue uno de los aspectos que más los emocionó durante la misión.
Más allá del operativo de emergencia, ambos coincidieron en que el verdadero desafío comenzará cuando concluyan las tareas de rescate.
Para Zanola, el impacto psicológico será uno de los aspectos más complejos para la población afectada.
«Creo que la parte más difícil para ellos será cuando terminen los rescates y deban empezar a procesar todo lo que perdieron».

Parra agregó que la reconstrucción demandará mucho tiempo y un enorme esfuerzo conjunto, ya que la magnitud de la destrucción supera ampliamente cualquier respuesta inmediata.
Los brigadistas sanrafaelinos destacaron el compromiso de todos los equipos que participaron del operativo y remarcaron que, más allá del desgaste físico y emocional, formar parte de la misión representó una enorme responsabilidad y un acto de servicio hacia una comunidad golpeada por una de las peores tragedias de su historia.
