La situación de las pequeñas y medianas empresas en la Argentina atraviesa un escenario de extrema complejidad, marcado por la retracción del consumo, la pérdida del poder adquisitivo del salario y el impacto directo de la apertura de importaciones. Un reciente estudio cuantitativo elaborado por la Asamblea de Pequeños y Medianos Empresarios (APYME) en conjunto con la Universidad Nacional de José C. Paz (UNPAZ) reveló que casi dos tercios de las pymes nacionales admiten que su contexto operativo ha empeorado sustancialmente en el primer semestre.
El informe precisa que el 58% registra una caída continuada en las ventas, el 60,5% cerró el período con resultado económico negativo y casi el 54% debió reducir la capacidad utilizada de sus plantas. Este cuadro genera preocupación en el sector ante la aceleración de la concentración económica, el achicamiento de la masa salarial y un esquema de costos en dólares que compromete la supervivencia de la industria manufacturera nacional frente a la competencia de insumos y productos terminados del exterior.
Julián Moreno, presidente de APYME, detalló los indicadores clave del relevamiento, las asimetrías que generan los monopolios de insumos difundidos y la urgencia de reorientar la gestión pública hacia la defensa del empleo y la administración estratégica del comercio exterior.
Radiografía del sector: ventas en caída y subutilización de la capacidad instalada
Los datos estadísticos relevados junto al ámbito universitario confirman una parálisis generalizada en las pymes fabriles y comerciales de la economía real. «Gracias al trabajo realizado junto a la Universidad Nacional de José C. Paz, tenemos números concretos que demuestran un panorama realmente crítico para el sector. Son valores que nadie quisiera tener, ni como empresa ni como país, tanto a nivel de actividad presente como de pronóstico futuro», expresó Julián Moreno ante los micrófonos de FM Vos 94.5. «Quienes trabajamos con la economía real y estamos en el día a día cubriendo las cuentas no vemos señales de que este camino vaya a virar. Al contrario, observamos una creciente concentración económica: cuando una pyme cae, ese tramo del mercado lo toma un actor de mayor escala. De este modo, la producción heterogénea que distribuía desarrollo en el tejido social va desapareciendo para ir hacia un modelo económico primarizado», expuso con claridad.

La encrucijada importadora y el peso de los insumos difundidos
La apertura comercial irrestricta frente a potencias industriales y el alto costo interno de las materias primas primarias desarticulan la competitividad del fabricante local. «Hoy en la Argentina tenemos costos elevados en dólares y una apertura importadora que desarticula la estructura productiva. Ningún país del mundo se anima a abrirle sus puertas de par en par a potencias como China sin aranceles de resguardo. El mismo Estados Unidos eleva sus aranceles porque asume que no puede competir de igual a igual; nosotros le abrimos el comercio de par en par y las consecuencias están a la vista», señaló Moreno. «El problema central es que materias primas básicas como el acero, el aluminio o los polímeros están en manos de estructuras monopólicas locales y resultan más caras en la Argentina que en el exterior. Por ejemplo, el hierro negro que una pyme debe procesar aquí cotiza por encima del acero ya conformado y galvanizado proveniente de Asia. Traer maquinaria más barata o regalada no soluciona el problema si no tenés un mercado interno donde vender la producción», analizó.
La generación de empleo como prioridad para reactivar el mercado interno
Desde el sector pyme sostienen que la administración del comercio y la recomposición salarial son pilares indispensables para evitar la pérdida del capital industrial. «El principal factor que deterioró la situación es el desplome de las ventas, provocado por la pérdida del poder adquisitivo del salario y la merma de puestos de trabajo. Al achicarse la masa salarial, se contrae de forma directa el consumo de productos nacionales. El sector industrial emplea a cerca del 20% de la población activa del país, por lo que no puede ser ignorado en las políticas públicas», manifestó el titular de APYME. «Ningún país puede desarrollarse si no administra su comercio. Se debería autorizar la importación de insumos o maquinaria que agreguen valor, pero regulando la entrada de productos terminados y la maquinaria usada que destruye a fabricantes nacionales de vanguardia, como ocurre con la maquinaria agrícola. La prioridad debe ser siempre la generación de trabajo local; tirando de ese piolín es como se construye una sociedad con desarrollo real e inclusión», propuso.
Geopolítica, soberanía y la controversia del régimen fueguino
Más allá del debate estricto sobre costos de producción, la promoción industrial en zonas fronterizas cumple una función de poblamiento y presencia territorial estratégica. «Hay que evaluar las situaciones en su justa dimensión; no todo se puede abrir a lo loco. Ocurre con la industria electrónica en Tierra del Fuego: es verdad que pagamos televisores o celulares más caros, pero esa decisión responde también a una estrategia de país. La isla está dividida casi por la mitad con Chile, pero del lado argentino hay aproximadamente 130.000 habitantes y del lado chileno apenas 8.000», explicó Moreno. «Tener esa población allí —cuyo trabajo en buena parte subsidiamos entre todos— nos permite ejercer presencia efectiva, explotar petróleo y sostener los reclamos de soberanía marítima. Si desmantelamos ese esquema sin debate, ¿qué hacemos? ¿Dejamos la isla vacía? Debemos analizar estas cuestiones colectivamente, entendiendo que el objetivo final debe ser el desarrollo con producción local y no transformarnos en una economía primarizada que simplemente exporte recursos naturales excluyendo a la mayoría de la población», concluyó.