Un sanrafaelino con múltiples antecedentes en el mundo de las estafas está nuevamente incluido en una investigación judicial, debido a un entramado que prometía, a través de inversiones de dinero, una alta rentabilidad en dólares, tal como ocurrió – en otras épocas – con Ganancias Deportivas y Generación Zoe.
De acuerdo a la información oficial, la estafa oscilaría entre los 2 y 3 millones de dólares.
Si bien las víctimas de este nuevo accionar de quienes auguran jugosas ganancias en moneda extranjera a partir de una determinada inversión se encuentran a lo largo y ancho de Mendoza, el epicentro de las operaciones tenía lugar en San Rafael, más precisamente en una oficina de un edificio de calle Coronel Suárez, donde el local Matías Montoya, captaba a los damnificados. Allí les ofrecía una muy importante rentabilidad en dólares a quienes le confiaban ahorros o específicas sumas de dinero. Todo esto está en manos de la Fiscalía de Delitos Económicos de Mendoza.
Sin embargo, como dice el viejo, pero siempre vigente refrán, “cuando la limosna es grande, hasta el santo desconfía”. Fue así que quienes confiaron en Montoya y otros sujetos vinculados a él, se quedaron sin su dinero y sin la rentabilidad prometida por la financiera. Cuando acudieron a reclamar por lo que les correspondía y habían prometido, descubrieron que no había rastros físicos ni de la financiera ni de Montoya, de acuerdo a lo que trascendió judicialmente.
Montoya no habría actuado solo, sino que lo asocian a un joven llamado Federico Tamuch, de la Ciudad de Mendoza, quien sería parte de esta red que – a la luz de las denuncias – dejó un verdadero tendal. Tamuch también está familiarizado con “el arte de timar”, ya que está ligado a Generación Zoe, la entidad que montó Leonardo Cositorto y por la que miles y miles de argentinos fueron estafados luego de invertir dinero a cambio de alta rentabilidad pero que se quedaron sin nada cuando la base de quienes aportaban comenzó a socavarse (estafa piramidal). Cositorto, por cierto, fue condenado a 12 años de prisión tras confirmarse el fraude financiero.
Regresando a San Rafael, los investigadores tratan de establecer si Montoya desvió el dinero de los damnificados a otros emprendimientos, entre ellos una fastuosa agencia de autos que se instaló tiempo atrás en la avenida Dean Funes y Sarmiento de nuestra ciudad, y que también se desmanteló cuando empezó “el ruido” entre las víctimas de Montoya y compañía. No descartan, quienes saben de este tipo de actividades, que mediante la concesionaria se haya pretendido blanquear el dinero.
Como alude nuestro título, las andanzas de Montoya en el mundo de la estafa no han sido pocas. En la retina de muchos sanrafaelinos, incluidos importantes empresarios, queda una agencia de autos que montó el propio Montoya, la que creció exponencialmente en un corto período de tiempo y por la que también estafó a colegas, mediante vehículos de irregular documentación, como así también con millonarias sumas en cheques sin fondo o que fueron rechazados.
El final de esta historia aún no está escrito, pero una vez más queda claro que quienes dedican su vida a estafar la buena fe de las personas no tienen límites, aprovechándose de los que siguen confiando en un rendimiento de dinero inexistente en cualquier mercado.