Una mujer británica de 47 años sufrió una grave infección ocular causada por una Acanthamoeba después de lavarse la cara con los lentes de contacto puestos. Emma Marsden relató que todo comenzó tras caer en una carretilla con tierra, agua y barro mientras limpiaba establos en Lancashire. Días más tarde empezó a sentir un intenso dolor en el ojo derecho y una rápida pérdida de visión.

Cómo una Acanthamoeba afectó gravemente su ojo tras lavarse la cara con los lentes de contacto puesto

En un primer momento, los médicos consideraron que la paciente tenía una úlcera corneal y le indicaron un tratamiento con gotas antes de darle el alta. Sin embargo, el dolor, la inflamación y el deterioro de la visión continuaron agravándose durante los días siguientes.

En una consulta de seguimiento realizada en marzo, un especialista detectó que la verdadera causa era una queratitis provocada por una Acanthamoeba, un microorganismo que puede encontrarse en el agua del grifo, lagos, piscinas, tierra y polvo.

“Tenía el ojo rojo y el dolor era insoportable. Cada vez que me daba la luz en el ojo, el dolor era tan intenso que no podía abrirlo”, contó Marsden al diario The Sun.

La mujer también explicó la rapidez con la que avanzó la infección: “Estaba corroyendo el ojo, la córnea y todos los nervios. Los médicos no podían creer la rapidez con la que lo estaba devorando todo”.

El cuadro fue tan severo que la infección terminó perforando la córnea. Debido a la gravedad de la lesión, los médicos tuvieron que suturarle el párpado, realizar un tratamiento intensivo y controlar de cerca la evolución para favorecer la cicatrización. Los especialistas le indicaron que deberá esperar varios años antes de poder someterse a un trasplante de córnea.

El dramático testimonio y las recomendaciones de los especialistas

Marsden describió el sufrimiento que atravesó con una frase que impactó a miles de personas: “Tuve tres hijos, y el parto es un sueño comparado con este dolor”.

Además, recordó que permaneció aislada durante semanas debido a la sensibilidad extrema que le provocaba la luz. “Estuve en una habitación oscura durante tres semanas y media y no podía salir ni hacer nada”, explicó.

Los oftalmólogos, los especialistas y los centros médicos recomiendan retirar siempre los lentes de contacto antes de cualquier exposición al agua, ya sea al lavarse la cara, ducharse o ingresar a una piscina. También aconsejan mantener una correcta higiene del estuche y de la solución de limpieza, y consultar de inmediato ante síntomas como dolor intensoenrojecimiento persistente o pérdida de visión, ya que un diagnóstico temprano puede evitar lesiones irreversibles.

Fuente: La 100.