La banda acusada de cometer millonarias salideras bancarias en la City porteña quedó expuesta no solo por el análisis de cámaras y el seguimiento de los vehículos utilizados en los robos, sino también por una serie de escuchas telefónicas que permitieron a los investigadores reconstruir parte de su organización y la planificación de los golpes.

Las conversaciones, incorporadas a una causa que intervienen la Fiscalía Nacional en lo Criminal y Correccional N° 32, a cargo de Leonel Gómez Barbella, y el Juzgado Nacional en lo Criminal y Correccional N° 4, a cargo de Martín Yadarola, muestran comunicaciones permanentes entre los sospechosos y referencias a distintos integrantes identificados con apodos como “Pollo”, “Gargamel”, “Enano”, “Mini Mini” y “Viejo”.

La investigación estuvo a cargo de la División Robo Organizado de la Policía Federal y permitió establecer que la estructura utilizaba celulares y aplicaciones de mensajería para coordinar los movimientos antes, durante y después de cada ataque.

Los investigadores detectaron una modalidad que incluía el seguimiento de las víctimas mediante distintos medios de transporte. En las vigilancias aparecieron automóviles, motos, bicicletas e incluso un monopatín. Una vez concretado el robo, las motos eran utilizadas para facilitar la fuga y dificultar la identificación de los responsables.

Las conversaciones también revelaron el uso de expresiones en clave. Frases como “se está cocinando”, “lleva una joya” o “el paquete” eran utilizadas durante las comunicaciones entre los integrantes de la organización.

Parte de las llamadas fueron protagonizadas por Román Ezequiel Borelli, señalado como uno de los principales integrantes de la estructura. En su declaración, Borelli sostuvo que trabajaba en una empresa de sepelios. Otro de los acusados, Óscar Alfredo “El Viejo” Bullones, vendedor de autos, afirmó que su actividad estaba relacionada con una concesionaria.

Sin embargo, para los investigadores, las conversaciones mantenidas entre ambos y con otros integrantes excedían esas actividades comerciales.

“Nosotros atacamos cuando lleguen a la casa”

Una de las comunicaciones incorporadas al expediente ocurrió el 14 de octubre de 2025. En ella, Borelli mantuvo un intercambio con un número que no estaba identificado y se habló sobre la preparación de un posible asalto.

En otra conversación, registrada el 2 de noviembre, aparecieron referencias a sumas millonarias y a otras bandas que también operaban con robos.

“Laburamos en mano ocho millones, nueve millones, diez millones; a la otra banda le están sacando dos viajes, cuarenticinco millones dos veces, treinta y cinco millones, dale, reexplotado, hermano”, expresó Borelli durante la charla.

Según la información judicial, el hombre se encontraba cerca de una estación de servicio Shell cuando propuso a su interlocutor sumarse a una llamada grupal junto con otros integrantes de la organización.

Durante esa comunicación hablaron sobre un vehículo que presuntamente estaba blindado y mencionaron la existencia de “dos maletas” en el baúl. También acordaron que el ataque se realizaría cuando los ocupantes llegaran a su domicilio.

Fue entonces cuando uno de los interlocutores pronunció una de las frases que quedó registrada en el expediente: “Nosotros atacamos cuando lleguen a la casa”.

El mismo hombre aseguró actuar junto a un sujeto apodado “Gargamel” y dijo formar parte de la “banda del Pollo”. Borelli, por su parte, mencionó a “El Viejo”, en referencia a Bullones, además de “El Enano” y “Mini Mini”.

Seguimientos en tiempo real

Las escuchas también permitieron reconstruir el seguimiento de distintas víctimas. En una de las conversaciones, Borelli confirmó que una camioneta Volkswagen Amarok blanca, registrada en varios de los golpes investigados, era de su propiedad.

En esa misma comunicación afirmó que “estaba parado esperando que salga”, una expresión que, para los investigadores, reflejaba el seguimiento directo de una víctima.

Los integrantes de la organización intercambiaban información mientras observaban los movimientos de los objetivos. En esas comunicaciones aparecían referencias a patentes, ubicaciones y características de las personas o vehículos seguidos.

“Ya se está cocinando”, “hay que esperar”, “¿cómo es la patente?”, “¿dónde lo lleva?” y “¿cuántos van?” fueron algunas de las expresiones detectadas durante las intervenciones telefónicas.

En otra secuencia, los sospechosos siguieron a un taxi que trasladaba pasajeros. Las comunicaciones registraban en tiempo real los desplazamientos del vehículo y contenían órdenes como “crúcele”, “no lo pierda” y “ya lo tiene visto”.

También aparecieron expresiones como “lo pinchamos” y “vamos a cazarlo”, vinculadas con la inminencia de los ataques.

El dinero y los vehículos

El expediente también contiene conversaciones vinculadas con el reparto del dinero obtenido y con los automóviles utilizados para facilitar los robos.

El 11 de noviembre de 2025, Borelli y Bullones hablaron sobre la distribución de una suma de dinero. “Terminando de dividir”, le dijo el primero al segundo, quien estaba vinculado a una concesionaria ubicada en Caseros.

En esa misma conversación hablaron sobre la transferencia de vehículos. Entre ellos apareció un Peugeot 207 y la intervención de un tercero identificado como “Mariscal”.

Bullones llegó a sugerir que determinados formularios de transferencia fueran firmados a su nombre. Para los investigadores, ese intercambio reforzó la hipótesis sobre el papel que tenían los automóviles dentro de la estructura.

Las comunicaciones continuaron durante diciembre. El 25 de ese mes, Borelli y Bullones hablaron sobre la transferencia de un Peugeot 208 y sobre infracciones pendientes del vehículo.

“Con este auto hicieron una banda de cosas”, afirmó Borelli, en una referencia que podría estar relacionada con la utilización del rodado en hechos anteriores. Bullones negó que el vehículo tuviera antecedentes y atribuyó las infracciones a un usuario anterior.

Otra de las conversaciones que llamó la atención de los investigadores ocurrió el 7 de diciembre. Borelli manifestó que estaba intentando “vender unas cosas que nos choreamos hace un ratito”.

Su interlocutor respondió con una advertencia: “No digas nada por acá, gato”.

La frase quedó incorporada a un expediente que se encuentra próximo a ser elevado parcialmente a juicio. Borelli y Bullones son dos de los ocho imputados que quedaron vinculados a la investigación sobre las salideras bancarias millonarias cometidas en la Ciudad de Buenos Aires.