El desarrollo de las comunidades del interior siempre ha estado condicionado por la calidad y el alcance de sus vías de comunicación. Históricamente, las transformaciones estructurales en las regiones alejadas de los grandes centros urbanos han avanzado al ritmo de la determinación política y la constancia institucional. En ese marco, los avances observados en las obras del Aeropuerto Santiago Germanó —con la colocación de señalética y el ajuste de detalles finales previo a la habilitación de su nuevo sector— representan un paso concreto y necesario en el proceso de modernización de la infraestructura del sur mendocino, a diferencia de lo que ocurre que la mayoría de las vías terrestres que el gobierno nacional dejó de atender.

La incorporación de nuevos puestos de check-in, salas de embarque ampliadas y un sistema moderno para el manejo de equipaje responde a un reclamo histórico de San Rafael. Sin embargo, el optimismo frente a la inminente apertura del primer módulo no debe eclipsar la mirada estratégica de largo plazo: la renovación de la terminal debe ser absoluta. La planificación que prevé una segunda etapa hacia 2027 —destinada a la demolición y reconstrucción de la estructura antigua para unificar el complejo bajo una misma línea funcional y estética— exige un seguimiento riguroso por parte de las autoridades nacionales, provinciales y de la concesionaria. 

Ahora bien, la infraestructura edilicia, por más moderna y eficiente que resulte, constituye apenas la mitad de la ecuación. Una terminal aeroportuaria de vanguardia corre el riesgo de convertirse en un mero testimonio arquitectónico si no está respaldada por una política agresiva de conectividad. De poco servirá contar con instalaciones de primer nivel si la oferta de rutas, frecuencias y compañías operadoras continúa siendo acotada.

Es allí donde se vuelve imprescindible la articulación de todos los actores involucrados. Tanto el sector público en sus diversos estamentos como el sector privado —representado por las cámaras empresariales, las entidades turísticas y las fuerzas productivas locales— deben asumir la tarea de gestionar, negociar e incentivar la llegada de más líneas aéreas. Incluir a San Rafael de forma estable en las rutas comerciales del país no es un lujo operativo, sino una necesidad estratégica para potenciar el turismo, facilitar el transporte de insumos y vincular al empresariado local con los principales centros económicos.

El crecimiento sostenido del departamento depende en gran medida de su capacidad para romper el aislamiento y proyectarse regionalmente. La transformación del aeropuerto Santiago Germanó constituye la base material indispensable; la gestión coordinada para llenar de vuelos esa infraestructura será la prueba definitiva de compromiso con el desarrollo integral de San Rafael.