Después de dos décadas en una empresa electrónica de Río Grande, Nicolás Maucieri decidió cambiar de vida. Desde entonces recorre la Patagonia en busca de lugares poco conocidos, rutas inhóspitas y paisajes capaces de sorprenderlo. Entre sus últimos descubrimientos estuvo Caleta Tortel, un singular pueblo de la Patagonia chilena donde las calles fueron reemplazadas por pasarelas de madera.
Una decisión que comenzó muchos años antes
El gusto de Nicolás por viajar nació durante su infancia en Tierra del Fuego. Su padre también disfrutaba conocer nuevos lugares y cada verano llevaba a la familia a recorrer distintas provincias y ciudades.
“De chiquito siempre me gustó viajar. Mi papá siempre quiso conocer lugares nuevos, entonces nos llevaba a toda la familia a visitar y recorrer diferentes ciudades y provincias y a conocer nuevas culturas”, recordó en diálogo con Radio Mitre.
A los 18 años empezó a trabajar en una empresa electrónica del territorio fueguino. Durante mucho tiempo, su rutina quedó marcada por una espera: trabajar durante el año para poder viajar en las vacaciones. Con el tiempo, esa dinámica comenzó a pesarle.

“Sentía que estaba trabajando y que tenía que esperar cada verano para poder viajar y recorrer. Después se terminaba ese mes de vacaciones y había que volver, y era como esperar todo un año de vuelta para viajar”, explicó.
La pandemia también terminó funcionando como un punto de inflexión. En los últimos cuatro o cinco años comenzó a recorrer la Patagonia en su auto, muchas veces durmiendo en él o instalando una carpa junto a la ruta. Así descubrió una forma de viajar que se adaptaba cada vez más a lo que buscaba.
“Fui descubriendo un estilo de vida que me gustaba. Iba recorriendo la Patagonia y dormía en el auto, tenía todo preparado como para armar la cama ahí. También llevaba carpa y recorría a mi tiempo”, contó.
Finalmente, en diciembre de 2025 tomó la decisión de dejar su trabajo y lanzarse a una nueva etapa. Aunque todavía vive en Tierra del Fuego, ahora cuenta con mayor libertad para planificar sus viajes y está terminando de preparar un camper con el que espera recorrer la Patagonia a tiempo completo hacia fin de año.
Su nueva vida también encontró un espacio para compartir esas experiencias: en su cuenta de Instagram @elrutaa, donde ya reúne más de 68 mil seguidores, Nicolás muestra los paisajes, pueblos y caminos que descubre durante sus recorridos.
Viajar sin horarios para encontrar lugares auténticos
Nicolás no busca necesariamente los destinos más famosos. Por el contrario, prefiere esos que todavía conservan cierta sensación de descubrimiento. “Busco que sea un lugar auténtico, que no lo conozca mucha gente. Hay muchos lugares en la Patagonia que quizás no son muy conocidos, pero que tienen un valor patrimonial y paisajístico espectacular”, explicó.
Por eso tampoco suele viajar con horarios o planes estrictos. Puede saber qué lugares quiere visitar, pero prefiere dejar espacio para que el camino determine el recorrido: “Me gusta salir sin itinerario, sabiendo los lugares que me gustaría visitar o lo que me gustaría hacer, pero sin horarios, relajado, que me vaya sorprendiendo el camino”.

Para él, esa libertad permite también encontrarse con las personas que viven en esos lugares. Un pueblo puede convertirse en una conversación de varias horas y una persona desconocida puede terminar contando la historia de toda una comunidad.
Caleta Tortel, el pueblo donde las calles no tienen autos
Entre todos esos destinos, Caleta Tortel, en la Patagonia chilena, consiguió sorprenderlo especialmente. Ubicado sobre un fiordo y conectado mediante pasarelas de madera, el pueblo tiene una dinámica completamente diferente a la de cualquier ciudad convencional.
Los autos quedan en un estacionamiento ubicado en la parte superior. Desde ahí, los visitantes tienen que seguir a pie por escalinatas hasta llegar a las pasarelas que conectan las casas, locales y distintos servicios.
“No hay calles, no hay autos, no hay semáforos. Solamente hay pasarelas que se utilizan como calles”, describió Nicolás. Incluso las direcciones funcionan de una manera particular. Las casas no se identifican por nombres de calles sino mediante números, y los habitantes usan esa referencia para ubicarse.
Para el viajero, sin embargo, la mayor particularidad no está solamente en la arquitectura del pueblo sino en la tranquilidad que genera esa ausencia de vehículos. “Existe esa paz. No hay contaminación. El estilo de vida dentro del pueblo es único. Eso me parece que lo hace muy valioso”, afirmó.
Una noche bajo la lluvia y sin luz
Uno de los recuerdos que más conserva de Caleta Tortel ocurrió durante una noche de lluvia. Nicolás se había hecho amigo de un grupo de personas que iban a pasar la temporada y lo invitaron a tomar una cerveza.
En ese momento, el pueblo no contaba con alumbrado público y, cuando se cortaba la luz, las únicas iluminaciones venían de los generadores de las casas. Para llegar hasta sus amigos, Nicolás tuvo que bajar por las calles con una linterna.

“Me acuerdo que no había nadie. Nadie en todo el pueblo, en todas las pasarelas”, relató. Desde lejos, comenzó a ver una luz que se encendía y apagaba. Era uno de sus amigos, que le hacía señales con la linterna para indicarle dónde encontrarse.
“Era todo silencio, el ruido de la lluvia porque estaba lloviendo. Mucha humedad. Me acuerdo que iba caminando, la lluvia, el silencio… Fue muy mágico”, recordó. Finalmente se encontraron y terminaron tomando unas cervezas sobre las pasarelas, mientras el pueblo seguía completamente a oscuras. “Estaba todo el pueblo apagado. Es re lindo”, resumió.
La Patagonia todavía tiene lugares por descubrir
A pesar de llevar cuatro años recorriendo la región, Nicolás asegura que todavía queda muchísimo por conocer. Para él, la clave está en animarse a salir de las rutas habituales y aceptar las condiciones que ofrecen esos lugares.
“Siempre hay lugares para visitar. Siempre me quedan lugares por ver, por conocer, rutas inhóspitas, únicas, que tienen paisajes increíbles”, sostuvo.

Eso implica, muchas veces, aceptar la falta de señal, internet, servicios o incluso nafta. Pero justamente esas limitaciones son parte de la experiencia que busca. “Ahí está la clave: ir predispuestos y sabiendo que uno está predispuesto a la aventura”, afirmó.
Su propia historia también está atravesada por esa decisión de animarse. Por eso, cuando alguien le pregunta qué hacer frente al deseo de abandonar una vida que ya no lo hace feliz, su respuesta es directa.
“Hay que sacarse los miedos. Obviamente siempre hay que tener un plan B, un plan C, un plan D, pero planificando y con tiempo y, por sobre todas las cosas, dispuesto a vivir la vida sin miedo”, aconsejó. Y concluyó: “Para mí esa es la clave fundamental para dar ese paso. Cuesta, pero no es imposible”.