La identidad histórica de Mendoza se forjó sobre el compromiso colectivo de transformar el desierto en un territorio fértil mediante el esfuerzo, la inversión constante y la administración del agua. Sin embargo, en el presente se asiste a un progresivo desmantelamiento de las redes institucionales y de fomento creadas históricamente para resguardar la matriz productiva. Lejos de consolidar políticas públicas que incentiven el desarrollo agrícola, las recientes determinaciones del gobierno provincial parecen alinearse en una estrategia de desincentivos que deja al sector primario a la deriva. En ese sentido, la permanente mención a actividades extractivistas como la nueva “gallina de los huevos de oro” por parte de la dirigencia provincial evidencia que el cambio de matriz productiva sigue a paso firme, a pesar de la historia y de las opiniones de muchos mendocinos.

La acumulación de decisiones adversas resulta evidente y preocupante. La exclusión del Fondo Compensador Agrícola para aquellos productores que hayan sufrido tres contingencias climáticas en el lapso de cinco años constituye un castigo injustificable hacia quienes operan en las áreas geográficas de mayor exposición. Esta medida se complementa con el paulatino vaciamiento de herramientas clave como el Fondo para la Transformación y el Crecimiento y la desactivación del sistema de lucha antigranizo. La paradoja es severa: a quienes enfrentan las mayores exigencias y pagan los costos más elevados por estar en zonas de riesgo, se les retira la contención estatal justo cuando más la necesitan.

El impacto de este escenario trascendió los análisis fríos y cobró una dimensión desgarradora en el plano humano. En la última sesión del Concejo Deliberante de General Alvear, el recinto fue testigo del desespero de numerosos productores que, entre lágrimas, expusieron ante los ediles la gravedad de su situación y denunciaron lo que consideran un verdadero atropello a su dignidad y al trabajo de toda una vida. Ese llanto en la banca del vecino no es un hecho aislado ni folclórico; es la manifestación palmaria de la angustia social que provoca la falta de sensibilidad oficial frente a las inclemencias del clima y la economía.

Esta realidad impulsó una reacción transversal que trasciende los alineamientos partidarios. Diversos dirigentes del sur provincial han manifestado su postura en defensa del territorio, entre los cuales destaca el propio intendente de General Alvear, Alejandro Molero, quien, aun perteneciendo al mismo espacio político que gobierna la provincia, antepuso la representación de sus vecinos para señalar la insostenibilidad de estas decisiones.

En marcado contraste con la firmeza de las comunidades vecinas y la desesperación de los agricultores, en San Rafael se evidencia una omisión institucional que llama profundamente la atención ya que, hasta ahora, la Cámara de Comercio local no se ha expresado al respecto ni ha fijado una posición enérgica frente a un problema que afecta de manera directa a la matriz económica regional.

Proteger la actividad agrícola no equivale a subsidiar la ineficiencia, sino a garantizar las condiciones mínimas para la continuidad del trabajo rural y la sustentabilidad territorial. De persistir la indiferencia técnica y la pasividad de las instituciones intermedias, el paisaje productivo del sur mendocino quedará expuesto a un proceso irreversible de desaparición.