Un estudio nacional de la consultora mendocina Reale Dalla Torre (RDT) muestra un fuerte deterioro en la percepción económica y un cambio político significativo: por primera vez, los argentinos responsabilizan más al actual Gobierno que a la “herencia recibida” por la situación del país. El fenómeno encuentra correlato en San Rafael, donde la morosidad, la caída del consumo y el cierre de comercios se instalaron entre las principales señales de una economía que no logra recuperarse. Pese al desgaste, Milei conserva un núcleo electoral competitivo y los escenarios de balotaje siguen prácticamente empatados.
El deterioro del bolsillo empieza a transformarse en un problema político cada vez más concreto para el presidente Javier Milei. Un nuevo estudio nacional de opinión realizado durante agosto revela que empeoraron prácticamente todos los indicadores relacionados con la situación económica, las expectativas y la valoración del rumbo del Gobierno. Sin embargo, ese creciente malestar todavía no se trasladó en idéntica proporción a la intención de voto y deja completamente abierta la carrera presidencial hacia 2027.
El relevamiento fue realizado entre el 21 y el 24 de agosto sobre 1.286 casos de todo el país, mediante una muestra aleatoria, polietápica y estratificada por región, proporcional al peso poblacional. La encuesta tiene un nivel de confianza del 95% y un margen de error de ±3,8 puntos porcentuales.
Uno de los datos más relevantes aparece cuando se pregunta quién es actualmente el principal responsable de la situación económica. El 38,7% respondió que el Gobierno de Javier Milei, contra apenas un 27,1% que continúa señalando a la herencia recibida del kirchnerismo. Otro 23,5% distribuye las responsabilidades entre ambos. Apenas un mes atrás, las dos primeras opciones estaban prácticamente empatadas: en julio, el Gobierno obtenía 31,8% y la gestión anterior 32,6%.
El cambio tiene una dimensión política importante. Después de dos años y medio de administración libertaria, la explicación basada en las condiciones heredadas parece perder capacidad para amortiguar el descontento. Ya no se trata únicamente de cuánto responsabiliza la sociedad al ciclo político anterior, sino de cuánto empieza a adjudicarle al actual Gobierno los resultados concretos que percibe en su economía cotidiana.
Cuando la macroeconomía no llega al bolsillo
Ese dato encuentra respaldo en prácticamente todo el capítulo económico del estudio. La principal preocupación de los argentinos ya no es directamente la inflación, sino algo todavía más elemental: “no alcanza el dinero”, respuesta elegida por el 53,8% de los entrevistados. El empleo aparece segundo con 41,8%, seguido por el aumento de las tarifas de servicios públicos con 38,4%. La inflación, pese a permanecer entre las principales inquietudes, quedó en 29,9%.
La fotografía se vuelve más contundente cuando los encuestados describen su propia economía. El 43,3% considera que atraviesa una situación “difícil” y otro 24,9% directamente “mala”. De esa manera, la autopercepción económica negativa alcanza al 68,2%, el peor registro de 2026, mientras solamente un 5,5% define su situación personal como buena.
También aparecen señales preocupantes hacia adelante. Solo el 30,8% se muestra optimista sobre cómo estará la economía argentina el próximo año, mientras el 53,8% es pesimista. A su vez, apenas el 16,6% considera que “lo peor ya pasó”; un 36,4% cree que todavía está por venir y otro 33,2% sostiene que el país atraviesa actualmente su peor momento.
Incluso comenzó a modificarse uno de los pilares políticos que sostuvo al oficialismo durante buena parte del ajuste. Frente a la pregunta sobre si el sacrificio económico realizado durante los últimos dos años terminará valiendo la pena, el 42,5% considera que “no va a servir para nada”, mientras el 37,6% todavía confía en que el esfuerzo tendrá resultados. En junio, la relación era inversa.
San Rafael, una postal que coincide con el sondeo
Los números nacionales no resultan ajenos a lo que sucede en San Rafael. Aunque no existen estadísticas locales consolidadas que permitan dimensionar con exactitud cada una de estas variables, alcanza con observar la realidad comercial y económica del departamento para advertir fenómenos similares.
La morosidad se convirtió en uno de los asuntos que atraviesan la agenda pública de estos días. Familias que acumulan compromisos con tarjetas, créditos, servicios o diferentes sistemas de financiación conviven con comerciantes que padecen exactamente el otro lado del problema: consumidores que compran menos, postergan gastos o directamente se limitan a cubrir necesidades básicas.
Ese retroceso repercute especialmente entre las pequeñas y medianas empresas, donde la ecuación entre alquileres, salarios, impuestos, tarifas y caída de ventas resulta cada vez más difícil de sostener. En San Rafael, decenas de comercios han debido bajar sus persianas ante la falta de rentabilidad, mientras otros sobreviven reduciendo estructuras, resignando márgenes o intentando sostenerse a la espera de una recuperación del consumo.
Precisamente el estudio introduce el consumo como una nueva variable política. El 41,8% de los argentinos aseguró no haber comprado ropa o calzado durante los últimos seis meses y el porcentaje asciende al 60,7% cuando se consulta por productos tecnológicos o electrodomésticos.
La consultora encuentra incluso una relación entre capacidad de consumo y comportamiento electoral. Entre quienes quedaron directamente excluidos de determinadas compras durante los últimos seis meses, Kicillof obtiene 43,3% contra 18,3% de Milei. En cambio, entre quienes compraron productos importados mediante plataformas como Shein o Temu, el Presidente alcanza el 70,6%. El propio informe resume el fenómeno señalando que Milei se fortalece entre quienes pueden consumir y la oposición crece entre aquellos que quedaron afuera del mercado.
Milei se desgasta, pero su voto todavía resiste
La paradoja del estudio de la consultora mendocina Reale Dalla Torre aparece cuando todo ese deterioro económico se lleva al terreno electoral. La adhesión firme al rumbo del Gobierno cayó al 28,9%, su mínimo de toda la serie, mientras la desaprobación alcanza el 56%. Además, la imagen positiva de Milei descendió al 35%, frente a una negativa del 56,4%.
Sin embargo, ninguna figura opositora logra capitalizar completamente ese desgaste.
En un hipotético escenario de primera vuelta presidencial, Milei continúa encabezando con 29,2%, seguido por Axel Kicillof con 18,3%, Sergio Massa con 8,7%, Victoria Villarruel con 6,7% y Myriam Bregman con 4,7%. La novedad aparece al sumar las diferentes expresiones peronistas relevadas: Kicillof, Massa, Juan Grabois y Sergio Uñac acumulan 29,5%, apenas tres décimas por encima de Milei. Es la primera vez durante 2026 que ese bloque alcanza al Presidente.
Pero existe otro número que impide cualquier conclusión terminante: el 26,6% no tiene hoy una definición electoral, entre quienes votarían en blanco o a ninguno —13,2%— y quienes todavía no saben qué harían —13,4%—. Más de uno de cada cuatro argentinos permanece, por lo tanto, disponible.
Los escenarios de segunda vuelta ratifican esa incertidumbre. En un enfrentamiento contra Kicillof, Milei obtiene 35,9% sobre el total de entrevistados y el gobernador bonaerense 34,8%, mientras un extraordinario 22% optaría por el voto en blanco o directamente no votaría. Proyectados solamente los votos válidos, Milei quedaría con 50,7%, prácticamente un empate técnico.
La situación cambia muy poco si el adversario es Sergio Massa. Allí Milei consigue 36,4%, Massa 34,5%, el voto en blanco alcanza 22,9% y los indecisos 6,2%. La proyección de votos válidos coloca al actual Presidente en torno al 51,3%, nuevamente dentro de un escenario extremadamente ajustado.
Incluso el índice elaborado por la consultora para estimar las posibilidades de reelección de Milei retrocedió de 72 puntos en julio a 69 sobre 100 en agosto, aunque todavía lo ubica dentro de una hipótesis de “reelección ajustada”. El propio trabajo advierte que se trata de una fotografía del escenario actual y no de un pronóstico para 2027.
Ahí aparece quizás la principal conclusión política del sondeo de Reale Dalla Torre. El malestar económico creció mucho más rápido que la migración electoral. Milei perdió adhesión, imagen y expectativa, y por primera vez una mayor cantidad de argentinos lo responsabiliza directamente por la marcha de la economía. Pero buena parte de quienes se alejaron del Gobierno todavía no se trasladaron hacia otra fuerza política: se instalaron en la duda, la abstención o el voto en blanco.
Para el oficialismo, el desafío hacia 2027 parece cada vez más vinculado a una pregunta mucho menos ideológica que la que dominó los primeros años de gestión: si la recuperación económica prometida llegará finalmente al bolsillo de los argentinos. En lugares como San Rafael, donde la morosidad, la caída de ventas y las persianas bajas ya forman parte del paisaje cotidiano, esa respuesta puede terminar siendo mucho más determinante que cualquier discusión sobre la herencia recibida.