Un informe del Instituto de Estudios sobre la Realidad Argentina y Latinoamericana (IERAL) de la Fundación Mediterránea reveló que el empleo privado registrado en la Argentina acumula 12 meses consecutivos de contracción, habiéndose perdido cerca de 240 mil puestos de trabajo formal desde noviembre de 2023. En diálogo con FM Vos (94.5), Jorge Day, economista del IERAL, analizó las variables de este fenómeno: la migración hacia la informalidad y el monotributo, la reconfiguración económica que impone la baja de la inflación y las dudas del sector empresarial a la hora de encarar inversiones de largo plazo.

La paradoja del mercado laboral: caída del empleo formal y auge de la informalidad

Aunque las estadísticas del trabajo registrado muestran una clara tendencia negativa, las encuestas generales de hogares sugieren que la ocupación total no se ha desplomado en la misma proporción. Para el análisis económico, la explicación radica en un sesgo hacia la informalidad y las contrataciones independientes no asalariadas, impulsadas principalmente por la carga impositiva y el costo que implica mantener una plantilla formal. «Corresponde aclarar que este trabajo fue elaborado por la investigadora Laura Caullo, del IERAL Córdoba. Los datos reflejan con certeza que al empleo privado registrado le cuesta recuperarse y acumula caídas consecutivas, al tratarse de cifras oficiales extraídas directamente de los registros institucionales», aclaró Jorge Day al inicio de la nota.

«Para conocer si la gente está trabajando en el sector no registrado habría que hacer un censo, que es muy costoso, o recurrir a encuestas. Según las encuestas, la impresión es que el empleo está creciendo, pero la diferencia es que cae el empleo privado formal y crece el informal o en modo monotributo», indicó.

«Para el empresario, el empleo informal resulta menos costoso. En el sector formal, si un trabajador recibe 100, el empresario termina pagando más de 150. Hay demasiados impuestos incluidos en la contratación, y por eso se observa que la economía se está haciendo más informal», continuó analizando.

De la alta inflación al dólar atrasado: el impacto en la industria y el comercio

El cambio de régimen económico impulsado por la desaceleración inflacionaria modificó sustancialmente la competitividad de los distintos rubros productivos. Con una inflación elevada y un dólar alto, sectores con mano de obra intensivos como la industria, la construcción, el comercio y el turismo operaban con salarios relativamente bajos en moneda extranjera. Sin embargo, la estabilización de los precios y el encarecimiento de los costos locales en dólares alteraron esa ecuación. «Cuando la inflación es alta, hay negocios que andan muy bien y otros mal; pero cuando la inflación baja, el escenario cambia por completo. Negocios que antes no iban tan bien ahora mejoran, y viceversa. Con inflación muy alta la gente piensa en una sola cosa: el dólar. En ese esquema, los salarios son relativamente bajos en dólares y funcionan muy bien las actividades intensivas en empleo, como la industria, el comercio, el turismo y la construcción», comentó el economista.

«Con la baja de la inflación, los costos en Argentina medidos en dólares se vuelven más caros, incluidos los costos laborales. En la industria, por ejemplo, los empresarios advierten que resulta más barato importar productos porque el dólar está bajo, mientras que mantener la estructura local cuesta más en moneda extranjera. Al encarecerse las contrataciones, comienzan a despedir personal argumentando la necesidad de ganar productividad», explicó.

«La búsqueda de productividad tiene dos etapas: una inicial, que podríamos llamar negativa, donde las empresas producen lo mismo pero con menos gente, y por eso despiden personal. La segunda etapa —que espero empiece en algún momento— es cuando, ajustada la planta, se preguntan cómo incrementar la producción. Es ahí cuando comienzan las inversiones, aumenta la producción y se empieza a incrementar el empleo y los salarios. Pero es un proceso super lento», observó.

En diálogo con FM Vos 94.5, el economista Jorge Day analizó las variables de este fenómeno

Heterogeneidad económica y la sombra de la incertidumbre política hacia 2027

Al proyectar la reactivación laboral y el escenario para los próximos meses, el economista del IERAL distinguió entre el dinamismo de los sectores extractivos y la paralización de los sectores tradicionales. No obstante, remarcó que el principal freno para la concreción de inversiones de gran escala radica en la incertidumbre política respecto de la continuidad de las reglas de juego más allá de las próximas citas electorales. «El panorama económico actual es muy heterogéneo: no hay noticias que sean todas positivas ni todas negativas. En el lado positivo resalta el enorme potencial de la minería, el agro pampeano y el petróleo de Vaca Muerta; mientras que la industria y el comercio no muestran esa misma dinámica, aunque en el sector industrial comienzan a verse repuntes incipientes en actividades puntuales», consideró Day.

«La inflación puede seguir bajando y eso es un factor positivo, pero persiste el elemento negativo de que los inversores no saben qué va a pasar después de 2027. La Argentina tiene el problema de ser un país muy extremista: o se aplican políticas totalmente liberales o se pasa al extremo opuesto, sin empresas y con más Estado», declaró.

«Ante un péndulo político tan extremo, el empresariado no sabe qué escenario enfrentará a futuro. Si se consolida el rumbo económico actual, hay disposición a volcar inversiones; pero si cambia el signo político, las reglas de juego serán completamente distintas. Frente a esa incertidumbre, las empresas prefieren esperar. Hay firmas en condiciones de contratar personal o invertir que aguardan a ver quién gobernará. La economía empieza a reaccionar, pero se mueve muy lentamente debido a este freno político», concluyó.