El cambio de paradigma económico impulsado por la gestión del presidente Javier Milei atraviesa a la estructura productiva del país con dinámicas marcadamente dispares. Mientras sectores primarios e intensivos en capital —como el hidrocarburífero, el minero y el agropecuario— registran repuntes de actividad, el universo de las pequeñas y medianas empresas (PyMEs), la industria manufacturera, la construcción y el comercio experimentan una profunda contracción de la demanda. En este escenario de transición, reestructuración impositiva y exigencias internacionales, la supervivencia de las organizaciones familiares y de menor escala depende de la capacidad de sus líderes para tomar decisiones estratégicas de fondo de manera anticipada y esperar que tengan resultado.

En diálogo con FM Vos (94.5), el destacado consultor empresarial Hernán de la Riva —especialista en asesoramiento, gestión y dirección de PyMEs en Argentina y la región— analizó los desafíos del sector, alertó sobre los riesgos del endeudamiento financiero e impositivo y remarcó las herramientas operativas para preservar la viabilidad del negocio sin recurrir sistemáticamente al recorte de personal.

Diagnóstico de la coyuntura: cambio de reglas, contracción de la demanda y contexto global

El proceso de ordenamiento de las variables macroeconómicas y la búsqueda de equilibrio fiscal generaron un fuerte impacto en el mercado interno. A este cuadro local se le suma la presión de la geopolítica y el comercio internacional, donde la presencia de potencias como China impone exigencias de competitividad inéditas para el entramado pyme nacional, tomando en cuenta la política totalmente de apertura a la importación a diferencia del resto del mundo. «Observo la situación con preocupación. Es una transformación muy fuerte y una modernización necesaria para todo el plantel industrial y empresarial. No solamente la industria está exigida, sino que el comercio ha caído fuertemente. Hay unos pocos rubros que están capitalizando el cambio de reglas y el resto se tiene que estar aggiornando y adecuando», planteó Hernán de la Riva de entrada.

«El norte parece prometedor, hacia un país con las cuentas claras y ordenadas, pero la transición siempre es lo difícil. Además, no solo impacta el cambio de reglas económicas locales, sino también la dinámica mundial y el peso de China sobre el mercado global. Eso pone una exigencia adicional a lo que sería un cambio de reglas habitual», comentó.

La regla de oro estratégica: detener la acumulación de pasivos financieros e impositivos

Para de la Riva, la principal vulnerabilidad que enfrentan las empresas en ciclos de recesión no es la baja del nivel de ventas en sí misma, sino la dilación en la toma de decisiones, lo que convierte a la organización en una estructura generadora de pasivos. Dado que las medidas gubernamentales de fomento o flexibilización tardan meses en derramar en la economía real, la adaptación debe ser inmediata e interna. «El primer parámetro para sostenerse es evitar generar deuda y tomar las decisiones necesarias para adecuar la propia empresa al nivel real de actividad. No es que la demanda desapareció o esté en cero, aunque a alguna PyME le haya caído fuertemente; hay una caída generalizada pero no absoluta. Lo primero que tiene que entender el empresario PyME es cuál es su nivel de actividad hoy: si cayó un 40 %, tendrá que hacer las cuentas para ajustarse a un 50 %. Lo más importante en estos momentos es frenar la máquina de generar deudas», afirmó.

«Si una empresa ya lleva tres o cuatro meses generando deuda porque cayó la actividad o porque no se tomaron decisiones de fondo, hay que empezar a tomar determinaciones difíciles de inmediato. El gobierno nacional ha tomado medidas para activar la construcción o la producción, pero siempre tardan dos, tres o cuatro meses en impactar; no son instantáneas. La mejor recomendación que le puedo dar a cualquier PyME es frenar la generación de pasivos», aconsejó.

«Hay una parte que hacemos los empresarios PyME y otra que hace el gobierno. Las medidas de reactivación van a tardar en derramar. ¿Es un buen camino? Es un buen camino, pero cualquier empresario que hoy está generando deuda no puede esperar seis meses a que le reactiven la economía; tiene que tomar las decisiones por el lado que le corresponde», aseveró.

El destacado consultor empresarial Hernán de la Riva —especialista en asesoramiento, gestión y dirección de PyMEs en Argentina y la región— analizó los desafíos del sector

Reestructuración de costos, carga financiera y preservación del capital humano

Frente a la necesidad de equilibrar el cuadro de resultados, el consultor enfatizó que la reducción de personal no debe ser la respuesta automática ni la única alternativa. Un diagnóstico integral permite renegociar la carga financiera impositiva y optimizar procesos operativos sin ahogar la capacidad prestacional de la empresa. «No hay efectos lineales y la salida no siempre es despedir gente. En el cuadro de resultados hay muchos renglones que se pueden tocar: se puede reestructurar la empresa, pero también se puede repensar la forma en la cual se prestan los servicios. Muchas PyMEs operan con un resultado operativo positivo pero con un equilibrio muy finito, donde la carga más pesada es la deuda financiera e impositiva. Lo que hay que reestructurar rápido es la carga financiera», enfatizó.

«No hay que desesperar ni recortar gastos despedidos de manera directa, porque muchas veces despedir gente significa dejar sin funcionamiento a la empresa. Si le corto el oxígeno a la estructura, no va a poder respirar. Hay que tener una mirada completa de la situación y entender cuánta deuda se está generando en relación al nivel actual de actividad. Eso lo puede hacer cualquier empresario hoy, sin depender de las medidas del Estado», agregó.

Inercia de las políticas públicas, proyección de clientes y el rol de la dirección empresarial

Respecto a los reclamos de diversos sectores industriales para que el Ejecutivo vuelque más emisión o crédito al consumo —medidas descartadas por el gobierno en su estrategia de contención inflacionaria y ancla cambiaria—, el analista señaló que la gestión privada debe enfocarse en variables controlables, analizando la proyección de la propia cadena de valor a mediano plazo. «La realidad es que el nivel de actividad bajó. Lo que debe hacer el empresario PyME es mirar a sus principales clientes y entender qué están proyectando para los próximos seis meses, tanto en la venta de empresa a empresa (B2B) como hacia el consumidor final. Ahí es donde se pueden tomar medidas concretas», señaló.

«Cualquier medida que hoy tome o libere el gobierno va a tardar seis meses en impactar en el negocio. Tiene una inercia que no se puede ignorar, más allá de que el reclamo o la tensión sectorial sea sana. Si en lugar de una máquina de generar riqueza o empleo la PyME se transforma en una máquina de generar deuda, se ingresa en el mayor riesgo empresarial», advirtió.

«A partir de investigaciones sobre las distintas crisis argentinas, sabemos que el último que se da cuenta de que se está fundiendo es el propio empresario. En ese afán de aguantar, de empujar con su gente y de evitar decisiones difíciles porque sabe que detrás de cada empleado hay una familia, le cuesta muchísimo actuar. Hemos visto empresarios llorando por tener que cerrar sus puertas. Por eso es vital tomar conciencia a tiempo y ajustar la estructura para dejar de generar pasivo; y reitero, no siempre la solución es despedir», insistió.

Restricción crediticia, agotamiento ejecutivo y la importancia de pedir ayuda estratégica

El acceso al crédito se encuentra condicionado por las tasas de interés y la rigidez del sistema financiero. Según el entrevistado, esta barrera se combina con el agotamiento psicológico de los dueños de las empresas, quienes suelen acudir a las instituciones financieras sin la preparación ni la energía requeridas para una negociación exitosa. «El acceso al crédito está restringido por las tasas y se llega a un cuello de botella complicado, pero lo más grave es que se llega a ese punto con un empresario agotado. Un empresario con fuerza y empuje le negocia al banco más firme, hace magia y crea soluciones que nadie veía. El problema es que cuando llega a la entidad financiera para pedir un crédito o replantear un pago, ya no tiene la energía ni la potencia necesarias. Muchos llegan tan exhaustos que usan la reunión con el ejecutivo de cuenta para hacer catarsis», contó.

«Hoy todo empresario PyME tiene que saber pedir ayuda. Reclamar al gobierno está bien, pero sobre todo hay que saber pedir asistencia y colaborar entre colegas. Pedir ayuda, levantar la mano y debatir soluciones o ideas —no quejas ni reclamos— no cuesta dinero. Lo que cuesta dinero, salud, patrimonio y el futuro de la empresa es aguantar sin tomar decisiones», sentenció al cierre de la charla.