Los alarmantes resultados de las pruebas PISA volvieron a encender las alarmas sobre el estado de la educación en la Argentina. Sin embargo, detrás del bajo rendimiento en matemática, lengua y ciencias, existen factores estructurales, socioeconómicos y culturales que condicionan de manera determinante la trayectoria de los estudiantes. Un análisis del Instituto de Estudios sobre la Realidad Argentina y Latinoamericana (IERAL), perteneciente a la Fundación Mediterránea, profundizó en los condicionantes del desempeño escolar, revelando elevados índices de ausentismo, el inicio temprano en el mundo laboral de adolescentes de 15 años y la pérdida del clima de aprendizaje en las aulas.
En diálogo con FM Vos (94.5), Laura Caullo, economista e investigadora responsable del área sociolaboral de la entidad, analizó la vulnerabilidad de las trayectorias educativas, las asimetrías regionales en provincias como Mendoza y Córdoba, el impacto sobre el futuro mercado de trabajo y el desafío de construir capital humano por encima de las coyunturas electorales.
Ausentismo, trabajo temprano y vulnerabilidad socioeconómica
El estudio del IERAL busca trascender la mera posición de Argentina en las tablas internacionales para poner el foco en la realidad cotidiana de los alumnos de 15 años —que cursan el tercer año del nivel secundario— y en las situaciones complejas que atraviesan antes de ingresar a la escuela. «Cuando hablamos de las pruebas PISA, normalmente nos quedamos con el puntaje y con cómo les fue a los chicos en matemática, lengua o ciencias. Los resultados de Argentina son preocupantes y hay posiciones muy lamentables en la tabla, pero a nosotros nos interesaba mirar más allá del puntaje y preguntarnos qué está pasando con estos chicos de 15 años para que los datos sean tan fuertes», expuso Laura Caullo al inicio de la nota.
«Encontramos algunas explicaciones en el propio informe de la OCDE. Por ejemplo, un 28% de los estudiantes de 15 años en Argentina declaró haber faltado al menos un día completo a la escuela en las dos semanas previas a la prueba, y dos de cada tres chicos —el 66%— reportó llegadas tarde. Cuando esto se abre por estrato socioeconómico se intensifica, mostrando que tres de cada diez niños de menores recursos tienen faltas recurrentes al aula», indicó.
«Hay un dato aún más relevante sobre el cual actuar: el 28% de los estudiantes de 15 años declaró haber realizado alguna tarea remunerada en el periodo previo a la prueba PISA. Aunque la legislación laboral argentina permite el trabajo bajo ciertas circunstancias familiares a partir de los 16 años, el guarismo es alarmante y sube al 33,9% entre los estudiantes de menores recursos. El problema ya no es solo cuánto aprenden en el aula, sino con qué trayectoria llegan estos adolescentes y qué cosas pasan en sus vidas para que el estudio y el trabajo hayan arrancado a convivir tan temprano», observó.

Capital humano, mercado laboral y la trampa del calendario electoral
La economista advirtió que la pérdida de aprendizajes durante la etapa escolar se traslada directamente al mercado de trabajo años más tarde, generando un círculo de exclusión para los jóvenes que no logran adquirir competencias básicas de lectura y razonamiento lógico. «Lo que nos dicen estos datos es que a los 15 años ya vemos estas primeras señales de ausentismo, dificultad de aprendizaje e inserción laboral temprana. Años después nos encontramos con problemas severos en el mercado de trabajo, donde hoy tenemos alrededor de un millón de jóvenes que no estudian ni trabajan. Estos chicos que se inician tempranamente en el mundo laboral sin alcanzar las competencias básicas en matemática, lengua y ciencias, luego enfrentan un mercado que se las va a exigir, y allí es donde muchos quedan excluidos. El desafío es que permanezcan, aprendan y terminen a tiempo», remarcó Caullo.
«Como titulamos en la portada de la revista de Novedades Económicas del IERAL, el calendario electoral ya arrancó y buena parte de la discusión pública empezará a ordenarse alrededor de esos tiempos. Sin embargo, la educación corre con otros plazos; mejorar los aprendizajes de los adolescentes lleva muchos años y los resultados se ven y perduran durante décadas. Lo que está ocurriendo hoy en las aulas será parte del capital humano con el que Argentina contará mucho tiempo después de las próximas elecciones», comentó.
«El pasarse la pelota entre gestiones forma parte del calendario electoral, pero eso no quita la necesidad urgente de actuar para lograr un mejor capital humano y mayor productividad. En este contexto, la estabilidad económica, la inversión y las mejores reglas de juego son necesarias para crecer, pero el crecimiento solo se sostiene con capital humano, y construirlo lleva mucho tiempo», consideró.
Disparidades regionales y la situación de Mendoza y Córdoba
El análisis de la muestra arrojó realidades diversas según las jurisdicciones evaluadas. Aunque Argentina no escapa al sesgo descendente que experimentaron la mayoría de los países de la OCDE, el comportamiento en las provincias evidencia deterioros persistentes en relación con las mediciones de años anteriores. Pese a ubicarse por encima de la media nacional en algunos indicadores, Mendoza no escapó al deterioro generalizado que sufrió la educación en todo el país. Los datos locales de las pruebas PISA reflejan un descenso en el rendimiento respecto de la medición de 2022, en sintonía con una tendencia que afectó a la mayoría de las jurisdicciones argentinas y a gran parte de los países miembros de la OCDE.
«En el caso de Córdoba ocurrió algo parecido: mantuvo sus resultados en matemática y lectura y mejoró en ciencias respecto de 2022, pero cuando se lo compara contra 2018, la medición aún se sitúa por debajo de esa tendencia. Si uno extrapola estos resultados a nivel país y observa las provincias del norte, donde los relevamientos de las pruebas Aprender en el último año de la primaria han sido desfavorables, se pueden encontrar situaciones aún más preocupantes en materia de ausentismo y trabajo juvenil», acotó la investigadora.
«Existe una clara asociación entre estos determinantes del rendimiento —ausentismo y trabajo temprano— y los resultados educativos: tres de cada cuatro chicos no entienden lo básico en matemática en la Argentina y el 60% no comprende contenidos mínimos en lengua y ciencias. Ese es el gran titular que nos deja esta edición de las pruebas PISA», subrayó.
Clima escolar, tecnología y la corresponsabilidad entre familia y escuela
Al comparar el escenario local con el de países con desempeños sobresalientes, Caullo resaltó que la brecha no solo se explica por metodologías pedagógicas o el uso regulado de la tecnología, sino también por una degradación de la disciplina en el aula y una metamorfosis en el rol que la sociedad y las familias le asignan a la institución escolar. «No se le puede aducir el mal desempeño a un único factor. Cerca del 30% de los niños en Argentina, independientemente de su nivel socioeconómico, declara como factor el bullicio dentro del aula, el desinterés por los contenidos que imparten los docentes y la falta de interacción en clase. Son pequeños determinantes a nivel microaula que inciden claramente en la calidad de los resultados», apuntó la experta.
«Los países líderes, como Singapur o China, tienen muy bien incorporado el uso de la inteligencia artificial, los chatbots y la tecnología dentro del plan de estudios con reglas delimitadas para que no vaya en detrimento del desarrollo cognitivo, contando además con docentes entrenados. Están unos peldaños más arriba en buenas prácticas educativas», aseguró.
«A título personal, creo que la educación tiene también un valor cultural. En Argentina hemos delegado en la escuela cierta responsabilidad familiar y social. Antes, si llamaban a tus padres al colegio era una situación muy preocupante; hoy, los padres van constantemente a la escuela a reclamar o pedir. Involucrarse es necesario, pero la complementariedad entre la escuela, la familia y la sociedad ha sufrido tensiones. El desafío de mejorar en las próximas mediciones no es solo del Estado mediante políticas públicas, sino que también tenemos una cuota de responsabilidad como sociedad y como familias», concluyó.