La industria textil argentina atraviesa una de las crisis más severas de su historia reciente. Combinando una drástica caída del consumo interno, la apreciación cambiaria, altas tasas de interés y un proceso de desregulación comercial que eliminó aranceles e inspecciones aduaneras, el sector opera actualmente con casi el 70% de su maquinaria paralizada. En diálogo con FM Vos (94.5), la economista Priscila Makari, directora ejecutiva de la Fundación Pro Tejer, analizó las causas estructurales que llevaron a que los productos importados superen el 70% de la oferta nacional, la paradoja de la primarización de las exportaciones de algodón sin valor agregado y las consecuencias sociales del cierre masivo de pequeñas y medianas empresas en las economías regionales.

Inundación de importados y parálisis del consumo interno

Históricamente, la oferta de indumentaria y productos confeccionados en el país se repartía en partes iguales entre la industria nacional y los artículos importados. Sin embargo, la contracción del poder adquisitivo de las familias y el cambio en la política comercial rompieron ese equilibrio histórico. «Históricamente el mercado textil siempre fue mitad nacional y mitad importado, más o menos; hoy ya cruzamos la barrera del 70% de productos importados. De todas formas, el problema principal que tenemos, más allá de la desregulación comercial y de la inundación de importaciones que es muy relevante, es que no hay consumo: no se vende nada en los mostradores, ni nacional ni importado», sentenció Priscila Makari apenas comenzó la charla.

«Esto hace que no haya rentabilidad para la producción, que no se puedan aplicar estrategias de combinación de productos y que, sobre ese mercado cada vez más chico que queda, nos gane terreno la importación. Esto es muy grave porque provoca que casi siete de cada diez máquinas textiles estén paradas en la Argentina, con un impacto devastador sobre el empleo de las empresas, sumando casi 30.000 puestos formales perdidos en estos últimos dos años y medio», afirmó.

Factores macroeconómicos, sesgo arancelario y desmantelamiento de controles

Además de la falta de liquidez en el bolsillo de los consumidores frente al aumento de alquileres, transporte y servicios básicos, Makari detalló los componentes macroeconómicos y las normativas estatales que benefician a la producción extranjera por sobre la manufactura local. «La gente no tiene plata sobrante para comprar porque el desempleo subió y aumentaron costos como alquileres, transporte y alimentos, dejando muy poco margen para adquirir bienes; además, los aumentos de jubilaciones y salarios tampoco acompañan a la inflación. A esto se suma un modelo económico que aprecia artificialmente el tipo de cambio, lo que nos hace como uno de los país más caros en dólares y dificulta competir contra la importación o ganar mercados de exportación», explicó Makari.

«Mantenemos tasas de interés reales de las más altas del mundo, lo que vuelve imposible financiar tanto la producción como el consumo. A la par, el gobierno le bajó los impuestos a las importaciones de ropa por fuera del Mercosur —provenientes de Asia— pero no le redujo los costos financieros de importación de insumos a la producción nacional; levantaron los controles aduaneros para ver cómo se componen las prendas y eliminaron los valores criterio para evitar la subfacturación. Tampoco se controlan las plataformas digitales y hasta se permite la importación de ropa usada. Son muchas decisiones que van generando dificultades y demuestran que es un modelo que no está alineado a los objetivos de producir en Argentina», aseveró de forma categórica.

La economista Priscila Makari, directora ejecutiva de la Fundación Pro Tejer, analizó las causas estructurales que llevaron a que los productos importados superen el 70% de la oferta nacional

Cierre de pymes, destrucción del empleo y la ilusión de exportar materia prima

El impacto social en un sector que emplea a más de 540.000 personas de forma directa e indirecta repercute en el entramado de las economías provinciales. La parálisis fabril provocó que el algodón producido en el norte del país ya no se industrialice localmente, derivando en la primarización de los envíos al exterior. «Se perdieron más de 30.000 empleos formales; al mes de mayo el dato oficial daba 27.000 y estimamos que la situación se fue agravando. Al no tener ventas en mostrador, primero recortás horas extras, luego bajas turnos de producción, después vienen las suspensiones y finalmente el desempleo. Además, ya cerraron casi mil pymes textiles que no tenían forma de afrontar sus costos fijos», alertó la economista.

«Se pierde empleo y se genera un daño social muy grande, pero en el mediano plazo el país pierde capacidades productivas, conocimientos y oficios que son muy difíciles de recuperar. Lo que se destruye en meses lleva décadas construirlo», remarcó.

«Efectivamente están creciendo las exportaciones de materias primas, sobre todo algodón que viene del norte argentino. Antes, ese algodón se usaba para transformarlo industrialmente acá: hacíamos el hilo, luego la tela y finalmente la ropa. Como siete de cada diez máquinas están paradas, hay un sobrante de algodón que se termina exportando. Como país tenemos la materia prima para agregarle valor; es un atraso volver a vender la materia prima como en tiempos coloniales, cuando vendíamos el cuero y comprábamos los zapatos en Europa», manifestó.

«Transformar industrialmente genera dólares verdaderos, una macro ordenada y empleos de mayor calificación que incorporan diseñadores e ingenieros», destacó.

«Al mirar las importaciones se confirma esta desindustrialización. Crecen las compras de productos finales —como ropa, toallas y confecciones del hogar— y caen las importaciones de insumos intermedios como hilos y telas. En relación con el tipo de cambio, si bien un ajuste en la cotización del dólar es clave para la competitividad precio, no alcanza con tocar una sola variable. Hoy fallan los costos logísticos, no hay un plan nacional de transporte, las tasas de crédito son inaccesibles y el mercado interno se contrae permanentemente. Se requiere un cambio integral de rumbo para volver a poner el foco en la producción nacional», señaló al cierre del reportaje.