El reciente reporte del Índice de Precios al Consumidor (IPC) de agosto, que registró una inflación del 1,7% a nivel nacional, muestra una desaceleración en los promedios generales, pero esconde fuertes tensiones en la economía cotidiana de las familias. Mientras que rubros como lácteos, galletitas y artículos de limpieza e higiene personal continuaron registrando subas entre el 3% y el 5%, la marcada retracción en las ventas de mostrador ha comenzado a frenar los impulsos de reajuste en diversos productos de consumo masivo. En diálogo con FM Vos (94.5), el vicepresidente de la Federación de Almaceneros de la Provincia de Buenos Aires y de la Confederación General de Almaceneros Nacional, Fernando Savore, analizó la dinámica de los comercios de proximidad, el impacto de las tarifas fijas en el bolsillo del trabajador, la fuerte competencia que imponen las pymes frente a los monopolios y la realidad de los productos importados en las góndolas.
La presión de las tarifas fijas sobre el ingreso y el límite del bolsillo
La lectura del 1,7% de inflación encuentra una paradoja en el mostrador de los comercios de barrio. Si bien la curva promedio muestra una tendencia descendente, la capacidad de compra de las familias se encuentra fuertemente erosiona «La mercadería siempre va cambiando de precio de a poco; en agosto tuvimos un 3% en lácteos, entre un 4% y 5% en galletitas, y lo mismo en limpieza y perfumería. Sin embargo, hay muchos artículos que se sostienen e inclusive empresas desesperadas por la caída de ventas que empiezan a mandar bonificaciones, las cuales trasladamos inmediatamente al precio porque es el mejor incentivo para vender. El problema central es que a la gente no le alcanza», consideró Fernando Savore al inicio del reportaje.
«Si miramos la vereda de enfrente, el trabajador se encuentra con la luz, el gas, el colectivo, la prepaga y el colegio de los chicos. Son obligaciones inevitables que han crecido mucho y se llevan gran parte del sueldo. Si la familia no paga la luz en tiempo y forma, la compañía le cobra intereses o le corta el servicio; por eso es lo primero que se paga, dejando un margen sumamente acotado para los alimentos», aseguró.

Monopolios desquiciados, el despliegue de las pymes y la reacción del mercado
Ante el encarecimiento de las primeras marcas pertenecientes a grupos oligopólicos, los consumidores han migrado masivamente hacia segundas y terceras líneas fabricadas por pequeñas y medianas empresas nacionales. Esta preferencia forzó a corporaciones multinacionales a retrotraer precios para evitar la pérdida total de mercado. «Por un lado tenemos a las empresas monopólicas u oligopólicas. Tal vez el fideo de la marca más conocida cuesta un dólar, pero hay un montón de fideos de pymes que tienen un valor excelente a mil pesos, no se pegan en la olla y la gente se dio cuenta y los elige. Ahí hay una competencia interesante que frena los aumentos», comentó Savore.
«Un caso emblemático es el pan lactal. Las marcas más importantes pertenecen a una misma empresa mexicana. Pero crecieron tanto las pymes de panificación —que cuestan la mitad— que este mes esa corporación tuvo que bajar sus precios entre un 25% y un 30% porque las pymes los estaban corriendo de la góndola. Distinto es el caso de los productos de limpieza e higiene personal, que pertenecen a cuatro o cinco monopolios desquiciados que cobran precios altísimos por un detergente o un shampoo. Ahí sí nos gustaría que entrara competencia importada para frenar los abusos», opinó.
«En lácteos, la marca líder subió un 4% en el último mes y acumula incrementos por encima del 17% en lo que va del año, superando con creces la evolución de los salarios. Sin embargo, marcas históricas no publicitadas ofrecen yogures con cereales a 1.800 pesos contra los 2.900 pesos que piden las primeras marcas, y la gente se vuelca por la opción más económica», enfatizó.
La realidad territorial de los importados y el cambio en la modalidad de compra
Respecto al ingreso de alimentos e insumos importados, Savore remarcó que existe una disparidad según la región geográfica del país, desmintiendo que en los centros urbanos del Gran Buenos Aires se esté produciendo un desembarco masivo de productos extranjeros a precios competitivos. «La Argentina tiene distintas realidades según la región. En Formosa nos comentan que la gente del Paraguay cruza a comprar alimentos porque de este lado son más baratos, mientras que en Misiones la góndola tiene fuerte presencia de mercadería brasileña. En Buenos Aires no han llegado productos alimenticios importados de forma masiva; salvo algún fideo italiano o cervezas en lata premium en hipermercados con precios descabellados, el importado competitivo no existe en nuestras góndolas», afirmó el vicepresidente de la Federación de Almaceneros de la Provincia de Buenos Aires.
«Coincido en que la inflación tiende a desacelerarse pero no por abundancia, sino porque la economía no vende. Las empresas que intentan aumentar se chocan contra la realidad de que el bolsillo del trabajador no resiste un incremento más. Si nuestros clientes sufren recorte de días de trabajo o no llegan a fin de mes, nosotros sufrimos la misma consecuencia detrás del mostrador», expresó con total sinceridad.
«Hoy la modalidad de compra cambió: el vecino realiza una ‘compra hormiga’ de lunes a viernes en el comercio de proximidad de su barrio, llevando únicamente lo justo y necesario para el día a día. El hipermercado quedó prácticamente relegado a un paseo de compras del fin de semana, pero la compra grande de la canasta familiar ya no existe más. Puede responder a la falta de liquidez o a la relativa estabilidad de precios tras el periodo hiperinflacionario; son dos realidades económicas distintas», analizó al finalizar la comunicación.