La iniciativa se encuentra en una etapa inicial y actualmente convoca a voluntarios, tanto profesionales como personas sin formación en salud. El proyecto comenzará con acompañamiento domiciliario y apunta, a futuro, a contar con una casa propia para recibir pacientes.
San Rafael avanza en la creación del Hospicio Padre Pío, un proyecto destinado a acompañar de manera integral a personas con enfermedades oncológicas que atraviesan el final de su vida. La iniciativa, impulsada desde la Iglesia, se encuentra actualmente en una etapa de convocatoria y capacitación de voluntarios.
El padre Gustavo Orcellet, capellán de la iniciativa, y Gabriel Cáceres Velasco, presidente de la comisión, explicaron los alcances del proyecto durante su visita a los estudios de FM Vos (94.5) y destacaron que el objetivo es brindar acompañamiento no solamente al enfermo, sino también a su entorno familiar.
La propuesta todavía no cuenta con una casa propia para internación. Por ese motivo, la primera etapa será desarrollar un hospicio domiciliario, acompañando a los pacientes en sus propios hogares. Según explicaron, esa fue también la forma en que comenzaron otros hospicios del país, algunos de los cuales con el paso de los años pudieron establecer sus propias casas.
“Es un modo de abordar a los enfermos oncológicos en el final de vida, cuando ya caben solamente los cuidados paliativos”, explicó el padre Gustavo, quien señaló que esta modalidad comenzó a desarrollarse en Londres durante la década de 1970.
En Argentina, según indicó, el primer hospicio comenzó a funcionar en 2001, en la ciudad de Córdoba, y actualmente existen 22. La expectativa es que el proyecto de San Rafael pueda convertirse en el número 23.
Uno de los principales objetivos actuales es reunir voluntarios para comenzar una etapa de capacitación. El proyecto no apunta exclusivamente a profesionales de la salud, sino que busca incorporar a personas que puedan colaborar desde diferentes áreas.
Gabriel Cáceres Velasco remarcó que el voluntariado requiere, fundamentalmente, una disposición particular hacia el servicio. “Principalmente que entiendan que esto es una vocación, es decir, es un llamado a servir”, expresó.
La convocatoria está abierta tanto a hombres como a mujeres, preferentemente mayores de edad. Si bien el proyecto nace dentro de la Iglesia, aclararon que no es necesario ser católico para participar, aunque sí se requiere adherir a los principios fundamentales de la iniciativa.
La tarea tampoco implica necesariamente estar junto al paciente. El funcionamiento de un hospicio requiere personas que puedan colaborar en distintas actividades, desde la cocina y la limpieza hasta el mantenimiento de espacios, trámites y otras necesidades.
“El abanico es importante”, explicó el padre Gustavo, al señalar que también existe un trabajo relacionado con las familias, tanto durante el proceso de final de vida como posteriormente.
Actualmente se encuentra disponible un formulario para quienes quieran incorporarse. El mismo puede encontrarse a través de De Buena Fe Digital y en la página de la red social del Obispado, además de poder ser solicitado en las parroquias y a los sacerdotes.
La respuesta inicial, según señalaron, ya fue positiva. Antes incluso de realizar la convocatoria a través de los medios, se habían acercado médicos, psicólogos, fonoaudiólogos, enfermeros y trabajadores sociales interesados en colaborar.

Un proyecto que busca crecer con el voluntariado
La iniciativa comenzó a tomar forma hace aproximadamente un año, cuando se conformó un grupo reducido de unas diez personas que empezó a trabajar de manera sistemática. Ahora el objetivo es ampliar esa estructura y avanzar con la capacitación de los voluntarios.
Cáceres Velasco explicó que actualmente existe una comisión de aproximadamente nueve o diez integrantes. El padre Orcellet cumple el rol de capellán, el doctor Ansaldi es vicepresidente, Lourdes Suoni ocupa la secretaría y Cáceres Velasco se encuentra en la presidencia.
Al mismo tiempo, trabajan en la definición del encuadre legal de la organización. Analizan la posibilidad de constituirse como asociación civil o fundación y cuentan con asesoramiento profesional para avanzar en ese proceso.
Uno de los desafíos está relacionado precisamente con la falta de una regulación específica para este tipo de servicio. “Este tipo de servicio no existe en la provincia, no existe en la ciudad, entonces no está reglamentado. No es un geriátrico, no es una clínica, no es un asilo”, explicó Cáceres Velasco.
El proyecto tendrá inicialmente a San Rafael como centro de operaciones. Por eso, aunque la convocatoria pueda ser conocida en otros departamentos del sur mendocino, el llamado está dirigido especialmente a vecinos de la ciudad que quieran sumarse.
El padre Gustavo recordó además que la inquietud surgió desde la Parroquia Nuestra Señora del Valle, donde desde hace tres años algunos laicos venían planteando la posibilidad de impulsar una iniciativa de estas características. Durante el último año comenzaron a concretar el trabajo y ya realizaron algunos acompañamientos como experiencia inicial.
La expectativa es que, si el proceso avanza favorablemente, dentro de aproximadamente un año puedan estar en condiciones de ampliar formalmente el acompañamiento a los pedidos que surjan.
La filosofía que guía el proyecto apunta a que el final de la vida pueda ser transitado con acompañamiento, dignidad y contención. “Aquí se viene a vivir, no a morir”, resumió el padre Gustavo, al explicar que incluso los últimos momentos pueden ser una instancia para vivir plenamente, reencontrarse con la familia y, desde la perspectiva espiritual del proyecto, reconciliarse con Dios.
“Que sea pleno el último momento de la vida. Desde reconciliarse con Dios, reconciliarse con la familia”, señaló.
Para Cáceres Velasco, en tanto, el crecimiento del hospicio estará directamente relacionado con la incorporación de personas dispuestas a colaborar. “El corazón del Hospicio son los voluntarios”, sostuvo.