El exintendente de San Rafael, Ernesto Sanz, propone reconstruir una coalición semejante a Cambiemos para disputar la Presidencia. También ve abierta la posibilidad de alternancia en el municipio. Su regreso no anuncia una ruptura con el gobernador Alfredo Cornejo, pero introduce una pregunta incómoda para el oficialismo mendocino: quién definirá el rumbo del radicalismo cuando termine el actual mandato.

Ernesto Sanz volvió a hablar de política con una ambición que excede cualquier candidatura personal. En distintas entrevistas de las últimas semanas, el exsenador sanrafaelino de la UCR planteó que la elección presidencial de 2027 no debería reducirse a una disputa entre Javier Milei y el kirchnerismo. Su propuesta es reunir al radicalismo, el PRO, el socialismo y la Coalición Cívica en una construcción similar a la de Cambiemos en 2015, cuando aquella alianza llevó a Mauricio Macri a la Presidencia. Quiere que cada fuerza aporte sus dirigentes y que una competencia interna ayude a definir el liderazgo.

Sanz no habla desde la nostalgia de aquella victoria. Entiende que existe un sector del electorado que no se siente representado por ninguno de los polos actuales y que, para convocarlo, primero hace falta acordar un programa y recuperar la vida de los partidos. Tampoco cerró la puerta a ser candidato, aunque en una entrevista con Radio Nihuil situó su prioridad en construir esa alternativa. Es una distinción relevante: por ahora, su movimiento consiste en intervenir en la discusión sobre qué ofrecer en 2027 antes que en reclamar un lugar en una boleta.

La reaparición adquiere otro peso porque Sanz no fue un espectador del nacimiento de Cambiemos. Presidió la UCR y participó de la articulación que permitió a un partido con fuerte presencia territorial integrar una coalición nacional competitiva. Hoy vuelve a defender una fórmula de acuerdos y primarias, mientras advierte que el radicalismo ha perdido funcionamiento orgánico y que su institucionalidad responde, en buena medida, a los gobernadores. Cuando formula ese diagnóstico, también interpela a Mendoza.

Allí aparece Alfredo Cornejo. El gobernador conduce Cambia Mendoza y ha tenido la voz decisiva en las principales definiciones del oficialismo provincial durante la última década. Sanz no desconoce ese liderazgo: ha dicho que comprende las necesidades de Cornejo para gobernar y sus acercamientos al Gobierno nacional. Incluso sostuvo en otra oportunidad que, dentro de la alianza mendocina con La Libertad Avanza, quien conduce es Cornejo. Pero su apuesta para 2027 abre una discusión distinta de la administración cotidiana: qué identidad tendrá la UCR cuando deba elegir candidato a gobernador y definir su posición frente al mileísmo.

Por eso Cornejo tendrá que prestarle atención. Sanz conserva experiencia para reunir sectores y una voz propia dentro del radicalismo, pero, sobre todo, está defendiendo un método que puede alterar la manera en que se resuelve la sucesión. Esta semana valoró a Ulpiano Suarez, Tadeo García Zalazar y Natalio Mema como posibles gobernadores y volvió a reivindicar las PASO para ordenar una competencia. No eligió heredero; pidió que haya reglas para discutirlo. Esa es, por ahora, una diferencia política concreta con cualquier intento de cerrar la definición desde una sola mesa. Se trata de una lectura sobre el alcance de sus declaraciones, no de una interna declarada entre ambos dirigentes.

El regreso de Sanz también tiene una dimensión sanrafaelina. Intendente entre 1999 y 2003, fue el último jefe comunal radical antes del largo ciclo de los Félix. Consultado por la continuidad del peronismo en el municipio, defendió el valor democrático de la alternancia, aunque reconoció expresamente que los hermanos Félix fueron elegidos por los vecinos. Su planteo deja una posibilidad abierta hacia 2027, pero conviene medirla con cuidado: el desgaste que puede producir una permanencia prolongada en el poder no alcanza, por sí solo, para ganar una elección. La oposición necesitará dirigentes con capacidad de gestión, un proyecto reconocible para San Rafael y acuerdos que resistan algo más que el cierre de listas.

En esa búsqueda, Sanz alentó la incorporación de personas con experiencia fuera de la política y mencionó, entre otros ejemplos, a la presidenta de la Cámara de Comercio de San Rafael, Silvina Pietrelli. No anunció una candidatura local ni presentó un armado municipal. Sí dejó ver que, para disputarles el gobierno a los Félix, considera necesario ampliar la oferta de dirigentes. También es cierto que el oficialismo provincial y sus aliados ya han obtenido buenos resultados electorales en San Rafael sin que eso se tradujera en una victoria por la intendencia: una elección legislativa y una municipal ponen a prueba liderazgos diferentes.

El desafío de Sanz será convertir su diagnóstico en acuerdos reales. El de Cornejo, reconocer que la fortaleza de su conducción no elimina la necesidad de discutir qué viene después. Y el del radicalismo sanrafaelino, demostrar que puede transformar una oportunidad política en una alternativa de gobierno. De aquí a 2027 falta tiempo, pero Sanz ya consiguió instalar las tres discusiones en una misma conversación.