San Rafael ocupa un lugar central dentro de la industria ladrillera artesanal mendocina. Se trata de una actividad de fuerte arraigo territorial, de la que dependen numerosas familias y que se desarrolla principalmente en los distritos del sur y este del departamento.

Un relevamiento realizado en 2023 mediante imágenes satelitales identificó 799 hornos en San Rafael, de los cuales 681 registraban actividad. También se detectaron 78 polígonos productivos distribuidos entre Cañada Seca, Villa Atuel, Las Malvinas, Real del Padre y Jaime Prats.

Luego de San Rafael aparece Las Heras con más de 400 emprendimientos (El Algarrobal y El Borbollón como epicentro). También se distingue a Guaymallén y Lavalle entre los principales centros productores de ladrillos de Mendoza.

UN SECTOR HISTÓRICO QUE BUSCA SALIR DE LA INFORMALIDAD

La magnitud de la actividad contrasta con los problemas históricos para alcanzar su formalización. En los últimos años se impulsaron diferentes iniciativas para ordenar los establecimientos, establecer zonas aptas para la producción y compatibilizar el trabajo ladrillero con las exigencias ambientales, laborales y territoriales.

Ahora la Dirección de Minería de Mendoza puso el foco nuevamente sobre el sector. Autoridades del organismo se reunieron con productores de Salto de las Rosas para explicar el procedimiento previsto por la Resolución 540/26 y avanzar en la regularización de la actividad.

La normativa plantea un esquema simplificado de trámites administrativos que busca contemplar las características particulares de una actividad que, en muchos casos, se desarrolla mediante pequeños emprendimientos familiares.

“Buscamos que la regularización sea un proceso accesible y cercano, que permita visibilizar a los productores y, al mismo tiempo, incorporar prácticas que reduzcan el impacto ambiental de la actividad”, explicó el director de Minería, Jerónimo Shantal, durante el encuentro.

El funcionario reconoció que el proceso demandará tiempo, aunque destacó la recepción que la iniciativa está teniendo entre quienes trabajan en el sector.

PRODUCCIÓN, TRABAJO Y AMBIENTE

Uno de los desafíos es encontrar un equilibrio entre la importancia económica y social de la fabricación artesanal de ladrillos y sus efectos sobre el territorio.

Los relevamientos realizados en San Rafael muestran la dimensión de ese desafío. En 2009 se contabilizaban unas 829 hectáreas afectadas por la actividad ladrillera; para 2018 habían aumentado a 961 y en 2023 alcanzaban las 1.154 hectáreas, un crecimiento territorial significativo en poco más de una década.

La producción requiere extracción de suelo para obtener la materia prima y posteriormente la cocción de los ladrillos, por lo que el ordenamiento de las canteras, las condiciones de funcionamiento de los hornos y las prácticas ambientales aparecen entre los puntos centrales de cualquier proceso de regularización.

Desde la Provincia remarcaron que la Resolución 540/26 busca incorporar a los productores dentro de un marco que les brinde previsibilidad y permita mejorar progresivamente las condiciones en las que desarrollan su trabajo.

El desafío ahora pasa por transformar una actividad históricamente caracterizada por la informalidad en un sector con mayor organización, seguridad y sustentabilidad, pero sin perder de vista que detrás de cada horno existe una actividad económica de la que dependen muchas familias.