Huracán de San Rafael llegó al Torneo Regional Federal Amateur con una apuesta económica y deportiva difícil de igualar en la zona. Incorporó 17 futbolistas, entre ellos Leonel “Piri” Vangioni, de extensa trayectoria en Newell’s, River y Milan. El objetivo era pelear por el ascenso. Sin embargo, la derrota por 4 a 1 ante Pacífico lo dejó eliminado cuando todavía resta una fecha de la fase de grupos y sin haber ganado un solo partido. Para un club que invirtió tanto y despertó semejante expectativa, el resultado es un fracaso deportivo.
El problema no se explica por la falta de nombres. Huracán los tuvo de sobra, pero nunca consiguió que esa suma de trayectorias funcionara como un equipo. Incorporar futbolistas puede elevar la calidad de un plantel; no garantiza sociedades dentro de la cancha, una idea de juego ni respuestas colectivas cuando los partidos se complican. El contraste entre la ambición con la que se armó este proyecto y lo que mostró durante el torneo obliga a revisar cómo se eligieron los refuerzos y qué lugar se les dio a los jugadores que ya estaban en el club.
La Subcomisión de Fútbol y la dirigencia pusieron buena parte de su atención en los arbitrajes. Hubo decisiones que justificaron reclamos y corresponde señalarlas. Pero convertir a los árbitros en la explicación principal de la campaña sería desentenderse de lo que ocurrió puertas adentro: Huracán llegó a la anteúltima fecha sin victorias y perdió dos encuentros decisivos de manera consecutiva, primero ante Goudge y luego frente a Pacífico. Ningún fallo arbitral, por discutible que haya sido, alcanza por sí solo para explicar ese recorrido.
La comparación con Deportivo Goudge vuelve más elocuente el balance. El conjunto celeste derrotó a Huracán, luego superó a Quiroga y aseguró su clasificación a la siguiente ronda. Es un hecho histórico para el club, para el distrito y para el fútbol sanrafaelino. Con una realidad económica muy distinta de la de su rival, Goudge consiguió lo que Huracán había colocado como primer paso de una campaña pensada para llegar mucho más lejos. Su logro merece reconocimiento propio, más allá de que también exponga las falencias del equipo azuloro.
También queda una pregunta sobre la identidad deportiva de Huracán. El club se ha caracterizado por formar buenos futbolistas, pero esta vez la búsqueda de jugadores llegados desde distintos puntos del país ocupó el centro del proyecto. Apenas un puñado logró rendir de acuerdo con la expectativa generada. Darles lugar a los jugadores del ámbito local y fortalecer las divisiones inferiores no asegura resultados inmediatos; sí permite construir una base, sostener una idea y ofrecerles un camino a quienes se forman con la camiseta del club.
La eliminación, a una fecha del cierre, exige algo más que buscar responsables de la última derrota. Huracán necesita evaluar con honestidad por qué una inversión tan importante produjo tan poco dentro de la cancha. Los nombres convocan y los refuerzos pueden ayudar, pero un ascenso empieza por una decisión más difícil que salir al mercado: saber qué equipo se quiere construir.