La falta de una fecha cierta para la reapertura del Paso Pehuenche vuelve a poner sobre la mesa una deuda histórica con el sur mendocino: la necesidad de invertir en una conectividad internacional que permita proyectar el desarrollo de la región con mayor previsibilidad. Mientras se menciona noviembre como una posible instancia para recuperar la circulación, sin certezas al respecto, el vínculo con Chile continúa condicionado por las limitaciones de infraestructura y las condiciones de la cordillera.

El corredor ubicado en Malargüe permanece cerrado desde mediados de julio. La prolongada interrupción deja al sur provincial sin su conexión directa con el vecino país y obliga a depender del Sistema Cristo Redentor, cuyo funcionamiento también está sujeto al clima. El nuevo cierre de ese paso, dispuesto desde la noche del martes por la inestabilidad meteorológica en alta montaña, vuelve a mostrar la fragilidad de esa dependencia.

Las restricciones por seguridad son necesarias y no corresponde cuestionar decisiones destinadas a proteger a quienes transitan la cordillera. Lo que sí merece una discusión profunda es la capacidad de respuesta de una provincia que reconoce la importancia del intercambio internacional, pero sigue sin contar con alternativas suficientes para sostenerlo cuando su principal corredor queda interrumpido.

Para San Rafael, Malargüe y General Alvear, esta situación excede la posibilidad de viajar a Chile durante un fin de semana. La conectividad también influye en el turismo, el comercio, la producción y las oportunidades de inversión. Una región que aspira a ampliar sus mercados necesita infraestructura que permita planificar, y esa planificación se debilita cuando el funcionamiento de sus conexiones internacionales permanece sujeto a largos períodos de incertidumbre.

Pehuenche requiere inversiones, mantenimiento, equipamiento y coordinación entre ambos países para mejorar sus condiciones operativas. Su consolidación debe seguir siendo una prioridad. Sin embargo, la discusión regional necesita incorporar con mayor fuerza otro proyecto que lleva demasiado tiempo esperando avances decisivos: el Paso Las Leñas.

La propuesta de un túnel de baja altura (2.000 metros sobre el nivel del mar) para vincular el sur mendocino con la región chilena de O’Higgins responde, precisamente, a la necesidad de contar con una conexión más estable. Su potencial radica tanto en acercar a las comunidades de ambos lados de la cordillera como en ofrecer una alternativa al Cristo Redentor y abrir nuevas posibilidades para las actividades económicas del sur provincial.

Las Leñas tiene un marco institucional binacional y antecedentes de estudios técnicos. EBILEÑAS, la entidad creada para impulsar el proyecto, constituye una herramienta que debe recuperarse mediante una agenda de trabajo concreta. La existencia de ese ámbito necesita traducirse en continuidad de las gestiones, actualización de los estudios, definición de etapas y búsqueda de financiamiento.

Una obra de esta magnitud demanda tiempo, recursos y evaluaciones rigurosas. Su complejidad obliga a trabajar con seriedad, pero también vuelve más costoso seguir postergando las decisiones. Cada año sin avances prolonga una limitación que la región conoce desde hace décadas y que reaparece cada vez que la nieve interrumpe sus posibilidades de conexión.

La responsabilidad compromete a los gobiernos nacionales de Argentina y Chile, al Gobierno de Mendoza, a los municipios y a las autoridades de las regiones trasandinas involucradas. Hace falta voluntad política sostenida, capaz de atravesar cambios de gestión y diferencias partidarias. Un proyecto estratégico para el desarrollo regional necesita continuidad, responsables identificables y objetivos cuyo cumplimiento pueda conocerse públicamente.

El sector privado también tiene un papel que asumir. Cámaras empresariales, productores, operadores turísticos y transportistas pueden aportar información sobre la demanda, las oportunidades comerciales y las necesidades logísticas. Ese acompañamiento debe fortalecer las gestiones y contribuir a evaluar alternativas de inversión, con reglas claras y una conducción pública que sostenga el interés regional.

San Rafael tiene razones para mantener este reclamo en el centro de su agenda. Mejorar el acceso a Chile y a los puertos del Pacífico puede ampliar las posibilidades de su producción y favorecer nuevas actividades vinculadas al turismo, el transporte y los servicios. Son oportunidades que requieren preparación e infraestructura para convertirse en desarrollo efectivo.

El cierre prolongado de Pehuenche y las interrupciones del Cristo Redentor vuelven a dejar una advertencia conocida: la conectividad internacional del sur mendocino sigue siendo insuficiente. Esperar la próxima reapertura resuelve una urgencia, pero deja pendiente el problema de fondo. Reactivar Paso Las Leñas exige que la integración con Chile tenga un lugar concreto en las decisiones y en los presupuestos. La región lleva demasiado tiempo escuchando hablar de su potencial como para seguir esperando indefinidamente las obras que permitan aprovecharlo.