Una investigación del Instituto Nacional de Investigación para la Agricultura, la Alimentación y el Medio Ambiente de Francia (INRAE) vinculó las diferencias en los horarios para comer entre los días laborales y los fines de semana con un mayor riesgo cardiovascular. Los resultados, publicados en la revista Communications Medicine, surgen del análisis de datos de 104.806 adultos.
La rutina laboral puede llevar a muchas personas a modificar sus comidas durante la semana y recuperar otros horarios en los días libres. A ese desajuste se lo conoce como jet lag alimentario: una variación que puede interferir con el reloj biológico. Investigaciones anteriores ya habían asociado las alteraciones circadianas con consecuencias para la salud cardiovascular.
Para evaluar la relación, el equipo estudió a participantes de la cohorte NutriNet-Santé, con información reunida entre 2009 y 2023. Comparó cuándo cada persona hacía su primera y su última comida durante la semana y en los días de descanso, y aplicó modelos estadísticos para estimar la asociación con distintas enfermedades cardiovasculares.
El análisis también contempló variables que podrían influir en los resultados, como edad, situación familiar y laboral, tabaquismo, consumo de alcohol, actividad física, alimentación y horas de sueño. Según la diferencia detectada, los investigadores distinguieron tres grupos: quienes adelantaban las comidas el fin de semana, quienes mantenían horarios parecidos y quienes las postergaban.
En promedio, el grupo que adelantaba sus comidas concentraba el período de alimentación dos horas antes durante los días libres. En el caso de quienes las retrasaban, el corrimiento promedio era de una hora y 40 minutos. La categoría regular reunió a quienes sostenían horarios similares entre los días de trabajo y el fin de semana.
El impacto del desfase horario en la salud cardiovascular según el sexo y el mayor riesgo registrado en hombres
Entre los varones, cada hora adicional de desfase se relacionó con un aumento promedio del 14% en el riesgo de enfermedad cardiovascular y del 21% en el de enfermedad coronaria. Tanto adelantar como atrasar las comidas se asoció con un riesgo mayor frente a mantener una rutina estable, aunque el estudio no permite afirmar que el cambio sea la causa.
En las mujeres, en cambio, no se encontraron diferencias estadísticamente significativas. Los autores plantean varias explicaciones posibles: diferencias fisiológicas entre sexos, ritmos circadianos distintos por condiciones laborales y estilos de vida, y un riesgo cardiovascular absoluto más elevado entre los hombres. Son hipótesis que requieren nuevas investigaciones para ser confirmadas.
Las conclusiones del estudio observacional del INRAE y la importancia de mantener rutinas regulares para el ritmo biológico
Los resultados apuntan a que el jet lag alimentario podría tener relevancia más allá de la dieta o el descanso, pero los investigadores remarcan que se trata de un trabajo observacional inicial y que hacen falta más estudios para establecer causalidad. Bernard Srour, director de Investigación del INRAE, señaló: “Hace unos años sugerimos que comer tarde se asociaba con un mayor riesgo de enfermedad cardiovascular”.
El especialista agregó que la regularidad semanal también podría ser importante: “más allá de simplemente comer tarde, mantener horarios de comidas regulares entre semana y fines de semana puede ser igual de importante”. Además, sostuvo que la asociación observada parece independiente de la cantidad de horas de sueño y que los horarios estables podrían ayudar a resincronizar el ritmo biológico.
Fuente: Radio Mitre.